Pagamos un precio muy alto por alcanzar la felicidad.
Me baño de noche en la piscina del hotel Sheraton Miami Mart viendo el cielo estrellado sobre las palmeras. Son las mismas estrellas que veía en Peñarroya, en Sant Boi , en Granada, en Salobreña, en Kiel o en Odensee pero aquí están más bajas, más cerca de la tierra.
Por la mañana saldremos por la avenida 72 Noroeste hasta cruzarnos con la calle ocho suroeste, que seguiremos hasta el downtown para acabar en Byscaine boulevard, donde parquearemos el auto. Nos hemos pasado muchos días así, bajando la US 1 para cruzarnos con la South West 104 y de ahí acabar en Hammocks boulevard. Luego subimos por la Turnpike Expresway hasta la salida 27 que conecta con la Dolphin y acaba en South Beach. Allí un joven muy desenvuelto nos enseñará un apartamento de dos habitaciones con moqueta y armario tipo walking closet en un Condo con piscina, gimnasio y seguridad en la puerta. Indudablemente respondo que es muy pequeño, o tiene poca luz o unas vistas a la autopista o al parqueo que no me convencen. Vuelta al coche, subir por Kendall Drive hasta la 88 South West avenida, bajar hasta la 144 South West Street. El Mas Canosa Middle School se yergue como un gigantesco complejo escolar de tres edificios en medio de una pradera flanqueada por espesa vegetación. No muy lejos se distinguen urbanizaciones de casitas bajas con porche y césped bien cuidado.
Sofocante y denso, el calor vuelve el aire pesado e irrespirable en la noche radiante de luces reflejándose en la bahía de Miami, junto al puerto y el Bayside. Flanqueamos el Miami Arena hasta llegar a la discoteca Bongos, donde tras el pago de 30 dólares, nos permiten la entrada al paraíso en el paraíso. El aire acondicionado no parece demasiado elevado. Un DJ animador “latino” o “Miami” o “Ahí está la gente de mi Cuba linda” mientras suena el latido tropical de la música y las caderas de las caribeñas marcan el compás. Desde la terraza de fumadores contemplamos la postal de los grandes rascacielos en la noche, con sus luces y sus focos y sus neones, otra vez repetidos en el reflejo del mar. ¿Qué estaría haciendo yo ahora si no hubiera venido? Me da por pensar mientras me recodo en la barandilla, y la imagen que me formo me gusta menos que el simple hecho de estar allí, fumando tranquilamente mientras contemplo como pasa un avión por el cielo y se pierde tras la silueta de los normes edificios.
Volvemos al coche, esta vez conduce Irene, me pide que vaya indicando. Tengo el mapa formado en mi cabeza con sus calles y avenidas, sus cruces y su paisaje inequívoco; todos los referentes que eviten la extraña, la inquietante sensación de hallarse perdido. Sigo pensando que no me sucederá. Que se pierde el que quiere, que sentirse perdido es simple miedo y sobre todo perderse es perder la conciencia de uno mismo. Pero en realidad añoro la simple posibilidad de perderme, por que ese extrañamiento que envuelve todo con un opaco velo es simplemente sentirse vivo y no hay nada que tema más que la muerte. Por que la vida es sangre en movimiento como se mueven las estrellas que contemplo en el cielo de Miami, como el tráfico en sentido norte y el tráfico en sentido sur, como el amor va y vuelve y así rotan los planetas y las constelaciones. En la cuarta planta se abren las puertas del ascensor, y al salir entreveo por un ventanal al final del pasillo un pedazo breve de paisaje, edificios de apartamentos entre palmerales. Entonces pienso, recuerdo, me doy cuenta de nuevo de que estoy en Miami, un trozo del paraíso. Me siento exultante, una sola idea recorre electrizantemente mi cuerpo, más bien la sensación de algo que puede parecerse a la felicidad. Que nadie diga que no existe. ¿Cuál es el precio?
Dormir, soñar, morir quizás.
La sangre que no corre por las venas cuando todo falta y todas las canciones han sonado, un año entero despierto mil veces entregando el corazón. Ver pasar los coches por la autopista hacia ninguna parte. Y te preguntas que por qué tú al fin y al cabo quedan muchos otros planetas y mundos, saca afuera lo que te hace daño, por que hace tanto bien cuando brilla el sol, y caminas por la calle con el viento en contra. Te dirán que te equivocas, te difamarán , pensarán que no debes continuar. Pero todo lo que vives y es nuevo no puede esperar. Ahora o nunca Escrito por tropicopsicotropico el 08/08/2007 07:52
lunes, 1 de octubre de 2007
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