viernes, 30 de noviembre de 2007

Ejercicio semiológico

Traducción adaptada, sección estampas de la vida americana, legajo 4367A, carpeta 327CBF.

Sujeto analizado nº 1: Sticker in the bunper of a car = pegatina en el parachoques de un coche.

Mensaje lingüístico: MY SON IS IN IRAQ. ENJOY YOUR FREEDOM

Mensaje icónico: silueta de un soldado con fusil en ristre.

Contenido semiológico desglosado:

- MY SON: Mi hijo. Yo, como buen americano, he formado una familia como Dios manda, lo cual, como cualquier zopenco sabe, es la base de esta sociedad que tanto amamos.

- IS: Está. No es, no. Está, que es diferente. Podría estar en cualquier parte, pero resulta que no está con la familia, que como cualquier zopenco sabe, es la base de esta sociedad que tanto amamos.
-IN IRAQ: Ese puto infierno lleno de jodidos moros terroristas asquerosos que se tienen muy merecido que nosostros, que nos hemos erigido como guardianes de la paz y el progreso les demos bien por el culo.

- ENJOY: Eso, tu disfruta, hala, a pegarse la vida padre atiborrándote de hamburguesas y pasteles de canela.

-YOUR FREEDOM: ¿Trabajas como un negro para poder pagar esa vida de consumismo acelerado que llevas? ¿Te pasas unas cuantas horas al día metido en infernales atascos con tu coche superguay que consume un galón de gasolina cada 25 millas? Pues a eso se le llama libertad. Eres libre. Luego hay que pagar las facturas, pero a cambio eres libre para decidir si vas al Mc Donalds o al Burguer King, e incluso puedes ir con quien a ti te de la puñetera gana y por si fuera poco, eres libre para pedir la doble hamburguesa con queso o la triple sin cebolla ¿QUÉ MÁS QUIERES, COÑO?.

Contenido semiológico global: MY SON IS IN IRAQ. ENJOY YOUR FREEDOM: O sea, que mi hijo, que es una parte de mi queridísima familia, (y la familia es lo que más valoro en este mundo), está luchando como un bendito por mantener la paz en el medio oriente y darle por culo a esos putos terroristas sarracenos que amenazan nuestra nación con su puto fanatismo, mi hijo está en ese puto infierno cumpliendo un servicio a su patria, honrando su bandera, dejándose la piel para DEMOCRATIZAR a ese atajo de salvajes por las buenas o por las malas. Mientras tanto, tú estás tan ricamente, poniéndote tíbio de costillas de vaca en el Sports Grill, viendo como los Miami Hurricanes se dejan dar por el culo por los Red Sox. Tú estás tan jodidamente a gusto con tu familia en tu casa de las afueras que han construido unos inmigrantes ilegales por cuatro duros mientras mi hijo está ahí luchando para que puedas tener gasolina para llenar tu pedazo de 4x4 que te has comprado y encima es JAPONÉS, que ni siquiera has tenido la PUTA decencia de comprarte un coche americano, cagüentó. Pero no voy a ser yo quien te diga lo que tienes que hacer o lo que tienes que pensar, no. ¿Y sabes por qué? Pues por que este es un país libre, con un par de huevos, coño. Y si quieres ir por ahí diciendo que no entiendes por que sigue esta guerra, recuerda, ojito, recuerda que si vas diciendo eso por ahí es por que estás en un país LIBREEEEEE. Y como es un país libre, aquí cada uno puede opinar lo que le de la puta gana, y no voy a ser yo quien lo niegue, porque para liberal, el menda. Eso sí, no te confundas ni por un momento, pero oyes, ni por un momentito. Que si tu eres libre, que si tienes libertad para opinar las gilipolleces que a ti se te ocurran, eso no es gratis, no. Eso se paga. Y mi hijo está pagando con sudor, sangre y mucho más patriotismo del que un cacho de desgraciado como tú podría jamás llegar a tener. Por que mi hijo está en Iraq dejándose las pelotas mientras el tuyo lo mismo está por ahí endrogandose y escuchando rocanrol. Y esto te lo digo para que te remuerda la conciencia y te sientas como la puta escoria antipatriótica que eres, cacho cabrón derrotista. Eso sí, tu disfruta.

Nota del traductor: quien no haya captado la ironía del texto que se abstenga de dejar comentarios.

domingo, 25 de noviembre de 2007

La parca

Era muy tarde, clareaba ya la mañana del sábado, en esa hora frustrante en que es muy tarde para seguir bebiendo y muy pronto para cualquier cosa. Estaba cansado, sentía el peso del sueño mientras intentaba mantenerme en mi carril. Hacía falta un ingente esfuerzo. Las calles se alargaban indolentemente, parecía que no se acababan nunca.

Entonces la vi. La parca. El coche de la víctima había chocado con una valla en el cruce entre la 137 avenida y la 104 Street (la mía), para acabar empotrándose contra un muro de bloques de hormigón. Unos enfermeros portaban una camilla en la que cargaron a peso el cadáver, para después taparlo completamente con uno de esos ridículos plásticos que ellos usan tanto. Había llegado la negra hora. Sonrisas, amor, recuerdos, penurias, todo había acabado para alguien que vivía entre Kendall y los Hammocks. Eso sí, sin salir del coche, como todo en este país.

No han pasado ni 24 horas y con la constancia y laboriosidad inexorable que la caracterizan, la parca ha vuelto a este humilde barrio de urbanizaciones con ínfulas. Un coche de bomberos ha parado frente a este apartamento, seguido por un vehículo policial, ambos con gran profusión de luces azules y rojas. Han entrado en un apatamento mientras se ponían unos guantes de vinilo, y han vuelto a salir con una camilla en la que reposaba un cuerpo inerte.

La parca ronda por estos lugares, como por tantos otros.

"Sólo se mueren los muertos... El que ha vivido deja tras de sí la vida. Mientras que quien ha vivido sin enterarse de lo que es la vida no deja nada."
Luis Goytisolo

sábado, 24 de noviembre de 2007

Publix




El Publix parece un lugar anodino, con sus estanterías repletas de productos saturados en colesterol, sus cajitas con comida precocinada, las neveras llenas de pavos grandes como calabazas, sus congelados y su pastelería en que abunda la crema para que se derrame por entre la comisura de los labios de los seres anodinos que transitamos perdidos por los pasillos, calibrando las cualidades de un paquete de Sweet Ham de Premium Meat sobre otro que es poco más caro, sopesando si debemos aprovechar la oferta de 24 latas de cerveza Busch o seguir siendo fieles a nuestra Budweiser Select, dudando si debemos dejar rodar el carro por la sección Ethnical Food o no. El Publix es un extraño recinto de luz lechosa, donde los alimentos se apilan de forma ordenada para la contemplación del cliente. El campanilleo de las cancioncillas navideñas se convierte en nuestro propio ritmo, y así vamos de un lado a otro sintiendo que el tiempo no pasa, que nada existe ahí fuera, en el mundo de palmeras y asfalto. El Publix es un ser inerte, como un pulmón colgado de un gancho.

Hace tiempo que me fijo en ti, no sé si lo sabes. Disimuladamente, entre los pasillos de refrescos y patatas fritas, oteo el horizonte, que se pierde en la sección de fruta y verdura, por si por un casual te veo. Ya tengo el método muy afinado y solo voy hacia las ocho de la tarde, cuando hay menos clientes. Aún así hay veces que no te hallo. Entonces me entretengo –se me va la vista- intentando adivinar si a la mujer extraña que viene del gimnasio de al lado (esas mallas apretadas, esos músculos, ese cuerpo fibrado) se le va a salir una teta al dejar el paquete de cereales en el carro. Es algo que ya ha pasado y estos ojos que se va a comer la tierra lo vieron. Ahí estamos los que estamos, la señora reteñida de la caja seis, la mujer gorda como ninguna que llena la cesta con la que se pasea, la chica afectada de acné virulento que está en el mostrador del Customer Attention, el abuelo que empuja los carros, el chaval que repone los bidones de leche, los yogures, las latas de guisantes que ahora están en oferta. A veces estás tú, y a veces estoy yo. Te miro y no sé por que estás aquí. Tampoco sé por que estoy yo. Eres guapa y espigada, quizás no sepas que podrías estar en cualquier otra parte, regalando al mundo el brillo de tus ojos castaños. Te imagino en el catálogo del JC Penney, foto a todo color en la sección Young Lady, con una blusa en seda negra por 33,49$ mientras duren las existencias.
Hace unos días, cuando te vi en el mostrador del tabaco, acudí solícito a comprar un paquete de Winston al prohibitivo precio de 3,24$, solo por saludarte cuál rendido admirador.

Me sonríes cuando te saludo y me preguntas cómo va todo. Y te digo que bien, se va tirando, aquí estamos. Tú más o menos lo mismo. Cuánta cortesía. Te llamo por tu nombre y tú me llamas por el mío. Te interesas por el motivo por el cuál he venido de España, me preguntas como es la vida allí, alabas mi acento que te recuerda al de tu abuelo, allá en Colombia. Yo respondo lacónicamente por que no se me escape sincerarme contigo y explicarte que soy un individuo perdido, errando de un lugar a otro . No vaya a ser que te confiese algún día que soy un pobre hombre que no merece tu sonrisa o que tú eres una mujer lo suficientemente desconocida como para que te recuerde. Que esto no existe, que todo pasa y nada queda, que todo se convierte en cenizas. Y así se pasa mi enésima oportunidad de iniciar contigo una conversación que no llevará a ninguna parte.

Sé que es mejor así.

jueves, 22 de noviembre de 2007

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Carta a Bush

Querido Bush:

Te escribo desde una punta de este hermoso y gran pais cuyas riendas con tan buen tino has tomado en tus manos de dirigente mundial. El motivo de esta carta, querido Bush, es contarte que la gasolina ha subido ya a los 3,19$ por galon, cuando yo recuerdo haber repostado a 2,68$. ¿Vas a dejar, querido Bush, que la sangre que corre por las venas de este pais se vuelva mas cara que la leche? Yo soy extranjero, pero me siento totalmente adaptado con esta tierra e incluso me he encuadrado dentro de una especie de juventudes hitlerianas que han montado en la escuela donde trabajo, por lo cual creo que tengo derecho a exigir algo. Quiero disfrutar de la libertad que se respira en este hermoso pais de las libertades, la democracia y los derechos civiles. Ademas, el cambio del dólar no me es favorable, por que ahora por cien dolares apenas te dan 70 euros, y pierdo dinero al volver. Estoy preocupado, querido Bush, por que un señor que se llama Everardo me ha confirmado lo que me temia y no queria confirmar: No cobro el verano. Conozco la premisa tan americana: Si no curras no cobras. ¿Vacaciones pagadas? ¿Paga extra? ¿Lo cualo? Ahora, querido Bush, ya se que voy a cobrar durante diez meses, y el verano ahi me las apañe. Ya se que el resto de profesores se pone a currar de cualquier cosa, y que como el resto de los americanos, a quienes tanto admiro, NO hacen vacaciones NUNCA. Ya me he propuesto ahorrar, querido Bush, pero me veo apretado, puede que ni siquiera vuelva a mi pais de nacimiento y me quede en mi pais de acogida a currar para levantar este inmensdo y gran pais de las libertades.

Eso si, querido Bush, todo se podria arreglar facilmente. Por eso te pido que invadas Irán. No se que estas esperando: tienen la bomba atomica, y por si fuera poco son moros y por tanto malos. Eso seria la solucion perfecta. No pido nada muy dificil. No pido que pongais las tildes en los puñeteros computers, que no costaria nada, no pido la ñ. Solo te pido: INVADE IRAAAAAN PARA QUE SUBA EL DOLAAAAAR!!!!!!!

He recibido este mail


Dear JMC MIDLLE SCHOOL Family,

Oh, give thanks to the Lord, for He is good! For His mercy endures forever.
-I Chronicles 16:34




A PRAYER FOR NOVEMBER

Bless this food spread out before us,
bless our family; home and friends;
What a privilege to thank You
for Your grace that never ends.

'Tis the season for Thanksgiving,
for Your grace upon our lands;
In our hearts we are rejoicing
For the blessings from Your hands.

I pray that all and family, have a Blessed and Happy Thanksgiving, whether at home or away and that you are safe and sound in your travels.
Que puedo añadir?

martes, 20 de noviembre de 2007

Happy Thanksgiving


No me habia dado cuenta antes. Veia los pavos enormes en la nevera especial para pavos enormes que han instalado en el Publix (sacrificando el espacio dedicado al Hummus y similares) y si, sabia que llegaria. Pero aqui las cosas llegan como mucho antes, todo es expectacion. Por ejemplo, ya venden cosas de navidad por todas partes, con sus muñequitos que hacen ruiditos y campanilleos varios la la la. Yo creo que acabas tan atorado que a veces no te das cuenta de las cosas (de las cosas verdaderamente importantes, que diria aquel)


Pero esta mañana he abierto mi cuenta de correo en el mail del distrito escolar (superimportante para enterarse de las chorradas del Spirit Week y otras similares, no vayan a cogerte con el paso cambiado) y me he encontrado la bandeja de entrada rebosando de mensajes. Todos los mensajes habian sido enviados por otros profesores de esta escuela, a muchos solo los conozco de vista. Es lo que pasa cuando aprietas el boton que dice Send to all staff.


Pues bien, en todos los mensajes me deseaban Happy Thanksgiving, todo ello aderezado con los mejores deseos para mi y mi familia (sic) en este dia tan especial. Y hay una cosa que me jode bastante: para mi no es un dia especial; tampoco tengo familia (aqui) pero eso es lo de menos. No es un dia especial, es una tradicion a la que no le veo la gracia, y sin embargo, me fastidia pensar que ese dia va a estar todo cerrado, nadie por ninguna parte, y yo voy a estar en plan solanas en casa por no gastar durante todo el megapuente.


Tendre que ir a la playa o algo. O dedicarme a poner las tildes en este post.

lunes, 19 de noviembre de 2007

SPIRIT WEEK

Por fin otro estupendo espectáculo tan propiamente americano. Se echaba en falta, por que llevábamos lo menos ya tres semanas sin patochadas, y eso es demasiado para mi pobre alma americanizada. Queremos espectáculo, queremos circo, queremos corear eso de paladins paladins, queremos ser el pueblo elegido, queremos música y conferenciantes en plan catarsis por que queremos sentirnos unidos en lo más profundo, sentir los invisibles lazos que nos relacionan a todos con todos, que nos hermanan fraternalmente en plena comunión de almas.

No hay duda de que los administrators de la escuela han captado esa necesidad, ese síndrome de dependencia que corre por nuestras venas. ¿Cómo podían ellos ser ajenos nuestra menesterosa súplica? ¿Cómo iban ellos a permitir que padeciéramos la mísera penuria de aquellos que no tienen una comunidad, grupo o tropa a la que afiliarse, en la que sentirse parte integrante? ¿Como iban a dejar nuestras almas paladinescas sin su alimento espiritual en forma de oración conjunta de reafirmación convencida a grito pelado? Para saciar nuestra sed los administrators nos han regalado con el Spirit Week.

La primera noticia llegó a mis oidos en uno de esos toñazos de Faculty Meetings a los que por mis pecados en otra vida anterior me castiga el destino. Lo escuché, estupefacto, -¿Spirit Week? ¿Lo cualo?- temiendo que fuera algo de ponerse a rezar a coro, alzando los brazos, como sale en la tele y llevándose después las manos a la cara para darnos un baño de divinidad mientras musitas thanks God, gracias al altísimo por permitirme ser un paladín, Dios mío, Dios mío, gracias, oh, me corro de gusto, sí, oh, my Lord.

Pues no. No del todo.

Se trata del School Spirit, porque hay que sentir que tu unión con esta escuela va más allá de lo mundano, de la triste superficie de este valle de lágrimas, sentir los colores, sentir tu afiliación, eres parte de algo importante, niño ¿ACASO NO TE DAS CUENTA DE LO QUE ESO SIGNIFICA? No te pienses que solo es un emblema en tu polo de escolarizado impúber uniformado NOOOOOO, ESO SÍ QUE NOOOOO. Formas parte de algo ultraterrenaaaaal, siente la fraternidad, caminemos juntos hacia el emocionante objetivo común, el objetivo de ser la mejor escuela del distrito, del país, del mundoooooo. Eres un paladín, grítalo a los cuatro vientos, con orgullo inmenso e inconmesurable, con animoso brío, que se oiga, que retumben espiritualmente las paredes de tu espíritu: PROUD TO BE A PALADIN (y que se mueran los feos).

¿Y yo? ¿Soy yo acaso digno, por mis muchos pecados no solo en vidas anteriores, soy acaso digno iba diciendo, de aspirar siquiera pensar besar el suelo por donde pasan orgullosos los paladines? ¿Es acaso posible que este humilde españolucho pueda sentir el goce extraterráqueo de poder portar en su inmerecido pecho el sagrado emblema paladinesco?

PUES RESULTA QUE ME HAN INTEGRAO. Ahora soy parte de ellos. Me han abducido. Ahora mismo llevo puesto el polo con el emblema, y siento como sus colores (copper and blue) van penetrando en mi corazón. Se parece un poco al polo de la infame SEAT, todo hay que decirlo, y raspa igual.

Por lo visto, yo resulta que ya era miembro de la comunidad desde antes, lo que pasa es que al no haber Spirit Week, pues claro, yo no sentía el Spirit de la escuela como lo siento ahora, que Dios me perdone. Ahora sí, y agradezco a los administrators haber puesto los medios necesarios para mi dócil conversión. ¿Qué tengo que hacer? Pues asistir a la especie de misa en la cafetería. Para empezar, en el día de hoy los niños que pagaban tres dolaracos adquirían el derecho a llevar gorros de colores durante todo el día. ha sido fenomenal, me he regocijado de alegría al contemplar esos pelucones de Marilyn Monroe, esos gorros de Goofy comprados en Disneylandia, esos sombreros vaqueros, esos gorros de piratas del caribe tercera parte, esas caperuzas de Santa Claus, como no. Y yo estaba ahí en mi clase, soltando el rollo de todos los días, que a veces cuando me giraba de estar escribiendo en la pizarra y veía a una niña con ungran pelucón rosa me daban ganas de ponerme energúmeno y gritarle que a ver qué coño es eso, pero entonces me acordaba QUE ESTAMOS EN EL SPIRIT WEEK, OSTIAS. Y los niños han pagado para llevar esos gorros chorras, lo mismo si les digo que se lo quiten, van los muy cabrones y piden que les devuelvan el dinero, lo cual iría en menoscabo de la recaudación que ha hecho mi bienamada escuela, cuyo emblema colorea orgullosamente mi pecho. Después hemos llevado a los niños a la cafetería.Y ahí por fin hemos podido corear a gusto lo de que somos paladins. Pero aún hay más.

Por que ahora no solo somos Paladines. No. Ahora además, los profesores se dividen en teams. Los teams tienen nombres de dragones y mazmorras, en plan medieval-juego de mesa: Wizards, Knights, Jerks, otros más que no me acuerdo, y finalmente Dragons, que es al que yo pertenezco como paladín integrado que soy. Los niños que cada profesor tenga en su Homeroom forman parte del team al que pertenece ese mismo profesor. ¿Cuál es nuestro objetivo? GANAR GANAR GANAR. No hay otra cosa. Y solo puede quedar uno vivo. Un team ganará, y su premio no será casarse con la princesa si no un Pizza Party, ah, y una Fieldtrip (excursión) para ver al Mouse. Una ovación cerrada y entusiástica inunda el salón de actos. Ver al Mouse, oh, que gran ilusión. ¿Quién es el Mouse? ¿Un ídolo pagano al que hay que adorar? Poco le falta. Mouse es el apellido del simpático y dicharachero Mickey. Traducción: excursión a Disneylandia con todo incluido. ¿Qué hay que hacer para ganar? Tener la mayor asistencia (recordemos que el distrito paga a la escuela por la asistencia) y el menor número de Detentions y Referrals. Un arma de doble filo, por que yo ya he pensado que con tal de ganar voy a empezar a empapelar de Detentions a los niños de los otros teams, ja ja ja (risa malévola). Hay que ganar, hay que ganaaaaar. Esto se parece a eso de tigres tigres leones leones todos quieren ser los campeones. Nos falta Torrebruno (tranquilos, hay un candidato).

Y para evitar la perniciosa y diabólica anarquía, tenemos un Team Leader, faltaría plus. Se me estremecían los pelos todos al escuchar a mi bienamada Líder de mi bienamado Team. Los niños Dragons estaban a la derecha, y los miserables Wizards, que todo el mundo sabe que no van a ganar ni un paquete de pipas, a la izquierda (que es el lado malo). Y mi bienamada team Líder, pertrechado con un gorro que antes de mi conversión espiritual hubiera calificado de ridículo hasta la extenuación (eso antes, por que ahora me parece sublime) cantaba con ritmillo When I say Dragons you say win. Dragons – Win – Dragons – win -when I say Dragons you say win - Dragons – Win – Dragons – win... y así hasta el infinito (o casi). Por poco se me saltan las lágrimas, joíos dragones.

Pero esto no acaba, (por que es para toda la week). Mañana tenemos el Turkey Bowl, ogh, que ilu. Apenas podré dormir esta noche, ansiando que llegue el día de mañana.

Y vosotros, los que leéis este blog...vosotros me dais pena. Por que yo soy Paladín y vosotros... VOSOTROS NO SOIS NADAAAAAAA.

domingo, 18 de noviembre de 2007

viernes, 16 de noviembre de 2007

Canadiense tenía que ser

¿Qué? ¿Como va el frío por la vieja Europa? ¿Chungo?

Pues aqui disfrutabamos de sus buenos 80 grados (Fahrenheit, como no) y resulta que esta mañana he salido con la camisita de manga corta, en plan acalorado de la vida (como todos los dias) y me ha venido así como un viento helado de los que cortan la respiración. He pensado: A VER SI ME VOY A TENER QUE COMPRAR UNA CHAQUETA Y TODO, OSTIAS.

¿A qué se debe esta repentina bajada de las temperaturas? Segun me han informado, es un viento canadiense. Los vientos canadienses es lo que tienen, que te pilla uno y te pones a temblar. Esos canadienses no se lo que se han pensado enviandonos sus vientos. Ya aqui se les tiene mal considerados por ser unos snobs europeistas, y ellos, para arreglarlo, nos envian sus vientos.

Muera Canadá!!!!!

jueves, 15 de noviembre de 2007

Y no era guapa

No era guapa, pero tenía ese halo de sexualidad despierta y vibrante que solemos denominar con expresiones del tipo tiene un polvo. Eso es así, señores. Estábamos en el Buck 15 tan tranquilos y viene esa y se pone a follarse una vitrina al compás de la música, podría ser Franz Ferdinand, da igual, por que ella calentaba braguetas con cualquier ritmo sincopado o asincopado. Visto que en su papel de Go Go encima de una mesita no obtenía la suficiente atención, se dedicó a castigar a golpes de pelvis el cristal de una vitrina. La amiga minifaldera le hacía los coros culeando con ella. Las cuatro de la noche en el Buck fifteen, se puede esperar cualquier cosa, pero cualquier cosa. Es un antro alucinante, para volverse loco, el lugar más divertido que he conocido. Solo con lo que ponen de música ya tendrías bastante, pero luego además es que hay cada personaje que flipas. Demasiado alcohol. Drogas no, ya se sabe, say no to drugs. Y la tía follándose el cristal con tantas ganas que casi se le sale una teta del apretado top negro probablemente adquirido a precio irrisorio en un Flea Market. No resultaba gracioso, si acaso bizarro, que es una palabra que uno puede utilizar pocas veces, y se agradece que situaciones como esta te la traigan a la memoria. Bizarro pero en su acepción anglosajona, oiga. Luego se baja de la tarimilla, se sube un ‘poco los pantalones, que con tanto meneo se habían descolocado, y sigue bailando. Pilla a un pavo con cara de cansado. Un gesto como diciendo agobio de tía, ostias ya. Le sienta en un taburete y le dedica el espectáculo strip de pedorrilla de barrio chungo, probablemente del North West. A las del North West las catas enseguida, es otro mundo. Mucha pelvis que viene y que va, mucho meterle las tetas en la cara, mucho culeo arrítmico y frenético, y los brazo aquí y allá. Para grabarlo. esto es el circo del Buck fifteen, dónde cada noche es diferente pero siempre sorprendente, y si les da la gana te mezclan Prince con Marilyn Manson y se quedan tan anchos. El carapanoli le pega un amistoso palmotazo en el culo. Uy, terrible. No sabes lo que has hecho, chaval. La señora pedorra de discoteca se detiene indignada. Se acerca en plan Gilda y le suelta una bofetada de mosquita muerta, pero bofetada al fin y al cabo. Desaparece y vuelve al rato, se vuelve a subir los pantalones y tararea una de Morrisey mientras empieza con lo suyo. Atención. ATENCIÓN. ALERTA ROJA. CARGUEN TORPEDOS. TENIENTE COMUNIQUEME CON EL ALTO MANDO. RECTIFIQUEN TRAYECTORIA, SAQUEN EL PERISCOPIO. LA PEDORRA NOS HA DETECTADO EN SU CAMPO VISUAL. PREPAREN MANIOBRA EVASIVA. ¿QUÉ PASA CON ESA LLAMADA AL CUARTEL GENERAL?
Me ha visto. Nada me puede salvar. Me veo abofeteado a la mínima. Me señala con el dedo y lo mueve con un gesto como de ven p’aquí que te vas a enterar. Y uno, que es muy hombre y muy torero se acerca meneando las caderas como el que no quiere la cosa, a ver que hubieras hecho tú. Subyugado por la imagen de sus tetas casi saliendo ya del escote me voy hacia ella, me agarra del cuello, se marca un combo de golpe de pelvis, meneo lateral-circular y restregamiento de senos. Luego se separa, me pone la mano en el pecho, y... alucina. O sea, si es que estábamos en el buck fifteen, que lo que no pase allí no pasa en ninguna parte. Me pone la mano en el pecho Y ME EMPUJA CON TODAS SUS FUERZAS. Y yo ahí como una nave sin control, en el espacio estelar, chocándome con varios cuerpos que frenaron mi retroceso. Pues vaya. Yo no entendía nada. Luego se va para Colordiesel y pienso, pues vaya. Le agarra del pescuezo, le monta el mismo numerito y le empuja también. Ole con el salero y el poderío de las mujeres que empujan sin ton ni son. Yo me peto de risa. Me parto el culo. Me parece superfunny de la death. Luego se va para otro, le agarra, le restrega y lo empuja, y luego otro que ingresa en la cofradía de los empujados. ¿Y NADIE LE PEGA UN SOPAPO BIEN DADO, DE ESOS CON LA MANO VUELTA? Pues no. Y encima me percato de que vuelve. Será esta puta mentalidad masculina, pero cuando veo bambolear esos cántaros de miel, se me obnubila la razón y me dejo hacer, sabiendo que me va a empujar otra vez (con la esperanza de que pasara otra cosa, ¿No hemos quedado en que esto tendría que ser imprevisible?) Pero no, que coño. Me empuja con todas sus ganas, que yo ya iba preparado para resistir y aún así anda que no con la tía. O toma muchos Corn Flakes o es que en el North West hacen cursillos de esto. Mientras intento evitar caer dando un culazo muy poco estético pienso que esto de las relaciones entre hombres y mujeres es algo muy complicado para que un ser humano pueda entenderlo de buenas a primeras. Cuando me repongo, Colordiesel me dice que si viene a por él intente aguantarlo por detrás. Tenemos miedo. Nos vamos escabullendo de un lado a otro, pero el local es pequeño, y estamos en la zona de los sofás. De ahí no se puede salir. Nos volverá a pillar más tarde o más temprano. Y nos pilla. Primero a él y luego a mi. Y esta vez me digo, vale, pero esta vez le tocaré las tetas. Y sí, le pase una mano vergonzante por el perfil pechuno, para qué habré hecho nada, por que fue como apretar el botón de ignición y salir hacia atrás disparado. Gracias a que Colordiesel me frenaba, que ya habíamos pactado eso. Enfadada, me gira la cara (¿decepción por no verme caer?) Y se va –tras pasar por unos cuantos empujones a unos cuantos individuos más- a por un chavalín con pinta de sietemesino que muestra una sonrisa de ingente felicidad (tipo Willy en Impacto viendo las tías bailar) en plan garrulo excelso, pecando de ingenuidad. En el lado en que estamos se crea una cierta expectación por saber como empujará a este. Él no se imagina nada, está flotando, viviendo su sueño. Y ella empuja con garbo y garra, de tal manera que el sorprendido panoli se desplaza hacia atrás, tropieza con el brazo de un sofá y cae a peso sobre le mencionado sofá. Si llega a ser una mesa baja de las que hay por ahí lo mismo se desnuca y se nos muere, pero por suerte ha caído en el sofá, nada que temer. También es suerte que una tía que estaba sentada fuese avisada por una amiga y se levantara enseguida. Suena Red Hot por los altavoces. Después de eso vuelve pero ya nadie quiere saber nada de ella Viene a por mi y la aparto, le agarro los brazos para que no se me cuelgue del cuello, aunque ella porfía por agarrarse a mi. Sopeso la posibilidad de darle un cachete. Está muy enfadada por que nadie le sigue el juego, coge el bolso SUPERINDIGNADA y se va (la amiga detrás, corriendito).

Que difícil es entender a las mujeres.

Triptico nocturno de Miami y sus alrededores

La noche se abre como un río oscuro e inerte, apenas desgarrado por los faros del coche. La ciudad es un cielo estrellado, un mar muerto. En la US 1 resplandece el drugstore abandonado como una isla en la inmensidad oscura y lejana de un mundo que no existe. Música de ascensor con profusión de ocarinas y pianos, lechosa fluorescencia, el relajante orden de las estanterías repletas de coloridos envases y envoltorios. La chica rubia deambula de un pasillo a otro. Viste unos shorts y una camiseta y calza unas sandalias que aquí llaman flip – flops. Es guapa, es joven, y tiene un gesto en la cara como de no haber dormido desde hace semanas. La suave ondulación de su pelo trigueño, la inmaculada limpieza que transmite, su piel de cobre. Parece un ángel perdido. Se detiene ante mi. Me pregunta por las neveras. Las tenía delante. I don’t know where I am, se disculpa suavemente en un susurro. La observo perderse entre los pasillos, como un fantasma, eternamente detenida en el bucle de un drugstore de noche, donde acabamos los que nunca encontramos nada, el ángel caído, el yonqui tirado en la puerta, la mujer desaliñada que habla sola. Se hace difícil salir de nuevo a la oscuridad.


South Beach como una gran panza lóbrega y cerrada en sus calles más recónditas, dónde nada existe más que lo que está detenido. Alton Road, y tras ella la quietud parcamente iluminada, macilenta, irreal de sus edificios extraños, eso que llaman Art Decó. Después salimos a las venas más resplandecientes, al escaparate de luz y movimiento, como una gran maquinaria que nunca se detiene, en cada uno de sus engranajes. Rolls Royce, taxis amarillos, diosas carnales del pecado envueltas en su halo de perfume y brillantina entre los puestos de pizzas y los antros donde hacen tatuajes. Retumban cien músicas diferentes, se mezclan con el ruido, la rutilante película proyectada sobre las calles. La noche sabe a cerveza y a güisqui, suena U2 en el Pub irlandés, se vuelve a sumergir en la penumbra azulada en el Lost World. Sobre el tapete verde de las mesas de billar ruedan las bolas de colores, sin detenerse jamás. La chica del escote infinito baila sobre una tarima. El mundo empieza y se acaba entre Washington Avenue y Lincoln Road. En el Laundry, donde la morena impetuosa se acerca a pedir fuego y cierra los ojos mientras baila, removiendo el aire a golpes eléctricos, en el Buck 15, donde la cerveza se derrama ya sobre los vestidos de noche de las muchachas rubias y delicadas, ahora ya muñecas rotas, flores tronchadas, el rimmel algo corrido, la falda algo arremangada, el gesto algo perdido.

Me deslizo, simplemente. Largas franjas de asfalto que se entrecruzan, se parten, serpentean. La noche clarea ya por entre los rascacielos del Downtown, fundida aún en sus contornos en su soledad infinita, abismal. Las máquinas de autoventa del Metromover, me regalan una dorada moneda de dólar. La observo y la guardo en un puño, decidido a hacer de ella un amuleto. Los rieles suspendidos entre los gigantes de asfalto me transportan a ninguna parte, desde donde, con suerte, puedo ver un recorte de la bahía, el reflejo de la ciudad entera en sus aguas.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Sexo


Cuando yo era niño tenía una novia que se llamaba Judith, pero ni ella ni yo sabíamos que éramos novios. Yo recuerdo muy poco por que éramos muy pequeños, creo que estábamos en primero de EGB. Íbamos al cole cogidos de la mano, y nos dábamos un besito al despedirnos para ir a nuestras clases.

Para que un alumno pueda transitar por los canosos pasillos en horas de clase es menester que disponga de un pase firmado por un profesor. Yo tenía un libreto de pases que me dieron en la office. Son unos papeles amarillos que hay que completar y firmar, por lo que creo recordar, y digo creo por que a mi pronto me desaparecieron, supuestamente hurtados por alguno de mis adorables alumnos. ¿Por qué? Su valor es incalculable en el mercado negro. Si lo llego a saber antes, los vendo yo mismo, que ando mal de fondos.

Todo se pierde en una nebulosa, vagos recuerdos ya casi perdidos, enterrados bajo el peso del tiempo. Los padres de Judith se mudaron, como en las películas. Se fueron a Tortosa, y cuando veo ese nombre escrito en alguna parte, me acuerdo del camino al colegio, las batas azules, las franjas amarillas y negras de los lápices. ¿Jugamos alguna vez a médicos? Pues no, eso pasó después y con otra niña, ni me acuerdo ya de quien era. Tenía braguitas de color rosa.

El uso fraudulento de estos papeles amarillos es evidente: niños que llegan tarde a clase con el papel en la mano, firmado por otro profesor, a ser posible de otro pasillo (el lector perspicaz habrá comprendido que la firma es falsa) Así, a la señora C., a la que también le han desaparecido los pases de pasillo, como a tantos otros, le viene un profesor diciendo que hay una niña que viene tarde a su clase y siempre trae partes firmados por ella. Ahí descubren el hilo donde empiezan a tirar.

Pasa la vida pasa, y llegamos a un domingo; creo que era domingo. Yo tenía doce o trece años. Pensé que estaría bien sacar del cajón los airgamboys y los clicks. Tenía sólo tres airgamboys, uno gladiador, con su casco, un astronauta con pistola láser y un centurión romano. Los demás eran esos chungos clicks de playmobil, qué cosa más guarra. Los airgamboys contemplaban las mesnadas de enemigos–esos rubios pequeñajos- desde lo alto de la estantería, y se lanzaban a mandobles con todos ellos, triunfando siempre, por supuesto, pese a ciertas dificultades circunstanciales debidas a la perfidia de sus oponentes. Pero aquel domingo, mientras colocaba los clicks que pronto –lo sabía- debían ser defenestrados, me sentí extraño. Me di cuenta de que aquello ya no me divertía como antes. Salí de la habitación y me puse a ver la tele, preocupado. ¿Me estaba haciendo mayor? Luego pusieron el coche fantástico y me abstraje de mis profundísimas reflexiones. Un año después, más o menos, estaba en un descampado fumando a pachas un ducados que Pedrito le había robado a su padre.

El viernes la señora C. y yo salimos de la hora de detenciones (castigo que consiste en obligar a los niños a quedarse una hora más en el colegio) y por los pasillos me cuenta lo que ha sucedido con la mencionada niña. Un profesor encontró una nota escrita por la susodicha y la leyó (yo nunca las leo, no vaya a ser ilegal o algo así) La nota relataba en términos procaces los pormenores de las relaciones sexuales que por lo visto mantenían la niña y un compañero en el lavabo del tercer piso. O para ponerlo en claro: se ponían a follar como conejos en el lavabo. Dos niños de doce años. Y según la nota, les quedaban pocas cosas por probar, por que lo habían hecho “por delante, por detrás y con la boca”

Entre séptimo y octavo, el trío calavera que formábamos Ramón, Pedrito y yo, íbamos a fumar a una especie de zanja, algo así como una riera que había al poco de salir del colegio, en dirección a Marianao. Recuerdo un eucaliptus gigante que había cerca. Un día quedamos con dos niñas de clase: la Rosa y la Montse. Mientras las esperábamos en el escondite, encendiendo un cigarro con unos fósforos, discutíamos sobre si debíamos meterles mano a las niñas o qué. Ahí salió la idea de que les enseñáramos el miembro a las niñas, y luego a ver qué pasaba. Ni que decir tiene que nos veíamos ya desvirgados. Por que todo el cole, pero TODO EL COLE sabía que la Rosa era muy puta, por que se había enrollado con el David Suela, y el David Suela asegura que le había tocado las tetas y el culo POR DEBAJO DE LA ROPA. Eso además de muchas otras cosas que se decían y que a ella no parecían molestarle si no que más bien fomentaba las habladurías. ¿Y qué decir del día que vino al cole con pantalones de cuero? ¿Y cuando se hizo la permanente? ¿Y cuando se empezó a maquillar? Total, estaba cantado. Vinieron y tal. Fumamos dos cigarrillos más, y ahí fue dónde descubrí que había que tragarse el humo, por que Rosa, que era ya una mujer de mundo –en ciernes, al menos- nos aseguró que así era. Y nosotros acabamos tosiendo como condenados, claro. Luego ellas se sentaron a nuestro lado, sentía el calor de aquella niña, el leve contacto de su brazo con el mío, y pensaba, muy preocupado ¿Esto como se hace? ¿Me la saco ya o qué?

Para eso necesitaban los pases de pasillo, para irse al lavabo de la tercera planta. El lugar parece ideal, por que en esa planta no hay más que tres clases, el resto son aulas vacías. Y ahí, resguardados y olvidados del mundo entero y con el pase especial en el bolsillo de los pantalones arremangados, se ponían a follar a gusto, a follar como niños o como ángeles, sin complejos ni dudas, sin timidez ni amargura, sin arrepentimiento ni remordimientos, inocenntes y emocionados cual Adán y Eva.

Pasado el rato Rosa y Montse, tras cuchichear algo, dijeron que se iban. Y no sé como pero al final, viendo que se levantaban dispuestas a marcharse, no sé si fue Pedrito que se bajó la bragueta, y hala, claro, yo no podía ser menos, así que nos pusimos ahí en plan exhibicionista. Que ellas se quedaron contemplando la escena, no diré que dantesca pero sí curiosa, y se fueron, como habían anunciado, pero más nerviosas, algo apresuradas. Se habían llevado el paquete de Celtas que teníamos. Tuvimos que fumarnos una colilla que habíamos dejado tirada. Ahora lo recuerdo y pienso: éramos niños de barrio.

El profesor en cuestión puso la nota en conocimiento de la dirección. A todo esto recordaremos que la niña no sabía que su nota había sido hallada, y seguía con su costumbre de subir al lavabo de la tercera planta a encontrarse con su amante. Cogidos de la mano el imberbe amante y ella entraron en el lavabo, se besaron. Pronto se dieron cuenta de que ahí les estaba esperando una caterva de adultos con gesto adusto. Supongo que entonces entendieron que la habían cagado, que les habían pillado, la gran debacle.


Después de aquello ni Rosa ni Montse quisieron volver a quedar para fumar en la riera. Ni fumar ni nada. Después todo cambió, nos despedimos del colegio, con sus vallas rojas, su patio y sus mesas verdes. Yo fui al instituto. Seguia bien los cursos, salía con los amigos (basurillas) los fines de semana y muchas tardes, hacíamos excursiones por el campo, quedábamos para jugar al ping pong en el casal, o nos juntábamos en la biblioteca. Por aquel entonces era obligación que te gustara una tía. Yo elegí a Sonia Cerezo, que me parecía estilosa y como muy madura –tenía tetas- y pasaba horas pensando a ver qué podía decirle, con qué tono y desenvolvimiento. Total para nada, por supuesto, por que no sabía como continuar. Y pasó el tiempo, y siguió pasando.


Una vez atrapados, los amantes fueron llevados al despacho para el juicio sumarísimo en presencia de jerifaltes. Se llamó a las madres. Me las imagino ahí, llorando de rabia por lo puta que le ha salido la hija. Eso la madre de la niña. La madre del niño, pues bueno, como en todas partes, un machote. Los niños reconocieron su culpabilidad. Repito, reconocieron su culpabilidad, por que a partir de entonces, ya serán culpables. Puede que dentro de unos años alguien venga a decirles, con ese aire de persona desenvuelta y desacomplejada que todos conocemos, que hay que tomarse el sexo como algo natural, oyes. Pues por lo pronto, ellos son culpables. Culpables por que, tal como confesaron, lo habían hecho por delante, por detrás y con la boca. Y a su edad ya intuían claramente lo que les estaban diciendo en aquel despacho: que eran culpables como nadie podía serlo, que la suya era una mancha grande y vergonzante, sucia, indecente, impúdica. Culpables de su mutua desnudez, de su contacto, de sentir el calor del otro, el tacto, la intensa sensación de sentirse unidos. Culpables por que les molaba hacerlo, hacerlo por delante, hacerlo por detrás, hacerlo con la boca, hacerlo simplemente, hacerlo como dioses en una nube, hacerlo sin medida y sin control, sin edad suficiente ni permiso de las autoridades competentes.


Para un adulto follar no es lo mismo que para un niño. Los adultos hacen el amor o follan, o echan una canita al aire, o se dejan llevar por la pasión, o tienen una aventura. Y follan por compasión, por pena, por venganza, por morbo, por probarse, por demostrar y mostrarse, por desahogarse, por no sentirse solos y miserables en la inmensidad de la nada. Follan por que hay que follar, por que es lo que toca, por sentirse vivos, por que lo echan de menos, por sentirse queridos, por que les quieran, por un paseo en coche, por gratitud, por dinero, por pasar el rato, por gimnasia, por despecho, por cumplir, por nostalgia, por vicio, por no perderte cariño mío, por que el tiempo se va y no sabemos dónde escondernos. Follan y follan, y todo se convierte en ceniza, y calibran cada polvo, lo valoran, estiman las variables de ritmo en cada empuje, la postura, la profundidad en la penetración, el tamaño y forma de piel y carne. Se atan, se tapan los ojos, se visten de cuero, se disfrazan, llenan la bañera de espuma, se documentan en libros, visionan vídeos, se rompen la ropa interior, se clavan la palanca de cambios en la espalda, se ponen bolsas en la cabeza, se tiran de los pelos, se pegan, se clavan pinzas en los pezones, se escupen y se mean encima, se toman pastillas, se ponen anillos vibratorios, se filman y fotografían cubiertos sólo con máscaras.

Pero no eran los únicos. Puedo comprender su delación, los motivos que les llevaron a hacerla, a pesar de todo. Ya no eran inocentes, si no seres indignos, en el mejor de los casos chiquillos que se habían equivocado, se habían propasado. Nunca más serían inocentes. Había otros que tampoco lo serían: no eran los únicos. Había ocho personas más frecuentando aquel lavabo. Muchas veces juntos. Supongamos para qué, vamos a pensar mal y acertaremos, venga, pensemos mal, esbocemos una media sonrisa medio pérfida, un gesto de indignación y sorpresa. Todos estamos indignados. Los padres, indignados; los profesores, indignados también. La indignación recorre los pasillos del instituto, se cuela por los lavabos de todas las plantas, sobre todo la tercera.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Tarde junto al río - Más sobre el diario de Asquebud

Se detuvieron ante el batán, inmóvil ya, momificada reliquia de otros tiempos, con sus inmensos travesaños de madera, sus desvencijadas poleas. Remedios le explicó a Amanda el proceso por el que el agua empujaba los resortes que golpeaban incansablemente la piel muerta, hasta domesticarla, desbastándola. Dieron una vuelta alrededor de la precaria estructura, pasaron la mano sobre el mástil principal, intentando sentir su fuerza ya inerte. Después subieron por un sendero, cuesta arriba, dificultosamente, hasta ganar un repecho, y de ahí, apartando unas ramas, pasaron por un atajo hasta la carretera principal, justo enfrente de un recio edificio de piedra coronado por un cartel que decía Cafetería Alto Aragón. Cruzaron la calle –Amanda seguía dócilmente a Reme, que caminaba con paso firme- y entraron. Tras departir brevemente con cada uno de los pocos clientes del bar, se sentaron en una mesa del fondo, junto al ventanal que, de nuevo, ofrecía unas inmensas vistas al río.

- Somos lo que queremos ser, tenemos lo que queremos en la vida – dijo Reme, continuando de repente la conversación que habían dejado en suspenso- Todo está en nuestra cabeza, en lo que pensamos. Si piensas que el mundo es injusto contigo, que la gente se aprovecha de ti, si crees que no vales para ese trabajo, que no te mereces el amor de otra persona, que eres indigno, que nadie debería confiar en ti, que no eres capaz, que nunca lo conseguirás por mucho que te esfuerces... Si piensas todo eso, eso es lo que te sucederá, por que ya estás predispuesto, y habrá alguien que será injusto contigo, alguien que te se aprovechará de ti, y nunca tendrás un trabajo con el que te sientas satisfecho, ni podrás jamás creer en el amor, fallarás en todo lo que haces, traicionarás la confianza, el amor, el respeto que los demás ponían en ti. Te predispones, sí, eso es. De alguna manera eso es lo que quieres para ti mismo, y claro, te confirmas en eso, y dices, no, hostias, ¿Qué quieres? si eso es lo que vivo, ya he comprobado que no puede ser de otra forma, yo sé más que nadie sobre esto, a mi ya no me engañan.

De repente, se hizo el silencio, un silencio intenso, profundo, apenas mancillado por el ruido de la loza que la camarera colocaba en la barra, la máquina de café, el amortiguado volumen de la televisión sobre su repisa polvorienta, muy lejos de donde ellas dos estaban. Silencio. Remedios removió innecesariamente el café, de nuevo con la vista perdida en el río. Atardecía. Las sombras comenzaban a cubrir el pueblo de Asquebud. Remedios miró a Amanda.

- Yo era así.

viernes, 9 de noviembre de 2007

¿Apretarme las tuercas?

Poema para la Piru:

Mira, Piru, que te aviso que no pases por mi calle,
no hables con mis mujeres, ni con mis cautivos trates,
no preguntes en qué entiendo ni quién viene a visitarme,
Confieso que eres valiente, que hiendes, rajas y partes,
el gallo de los bravatos, la nata de los donaires,
que eres pródiga de lengua y amargan tus liviandades.

La piru vuelve a las andadas. Adopté la sana costumbre de evitarla por doquier. Indudablemente, como jefaza que es, me anda detrás, con sus perlas, sus frasecitas y tal. ¡Que me dejes, ostia! Aunque solo sea por que vengo de un sistema educativo que será chungo, pero dónde no se pasan el día desconfiando de la profesionalidad del sufrido docente, ni los docentes se dedican a malmeter entre sí para destacar ante la jefaza, ni se pasan el día rellenando asnocráticos formularios de currículum, planning, calendar y otras polladas para que la jefaza pueda clasificarlos bien clasificaditos.

Mañana toca desfilar en formación. Amable e hipócritamente se llama encuentro de profesores de Español, breve reunioncita. Ah, por cierto, traeros el Curriculum calendar de las nueve próximas semanas, los weekly plannings, los credits reports y no os olvideis de los assignments rosters, que los vamos a mirar un poquillo. O sea, examen en toda regla. Temblad, malditos, que me voy a traer la lupa, y pobre del vago asqueroso que no tenga uno solo de todos estos papeles. No me extrañaría que me revisaran a ver qué tengo en los cajones de la mesa de mi aula.

Así que ahora estoy acabando (llevo acabando un buen rato) no sé qué perfectamente inútiles pero perfectamente pastosas polladas de curriculum de aprendizaje y evaluación para restregarselos en las narices a la jefaza y después ponerlos en un lugar perfectamente olvidable, por que no me van a servir para nada, entre otras cosas por que me estoy dedicando a copiar el índice del libro pero con palabras superguays y superprofesionales. Un ejemplo: Conocer las relaciones semánticas entre términos léxicos con más de un significado para un solo significante: la polisemia. Toma ya.

¡Piruuuuuu voy a por tiiiiiii!

Y todo por que me han dicho por ahí que la piru me considera un ser un tanto desorganizado y reacio a la asnocracia (siempre con este estigma de outsider), que dice que yo paso de todo (oiga, que yo vengo todos los putos días a currar con estos malcriados). Así que literalmente, según dice, osea, literalmente ha dicho con esas mismas palabras que me va a apretar las tuercas.

Manda huevos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Indeseables


¿¿¿¿¿¿¿¿PERO ESTO QUÉ ES?????? ¡YA VALE CON LO VUESTROOOOOO!


O sea, vamos a calmarnos. Resulta que me vengo a Mayami para vivir una vida diferente y tal y resulta, joder, resulta que pongo la tele americana (canal Telemiami) y va y aparece la SARA MONTIEL: ¡OSTIAS NO ME MANDÉIS LA PURRIA QUE NADIE QUIERE EN ESPAÑAAAAAAA! ¡QUE AQUÍ YA TENEMOS AL ALEJANDRO SAAAAAAANZ Y AL JULITO IGLESIAAAAAAAS! Y me pregunto con bien fundada curiosidad: ¿QUÉ COÑO HACE LA SARITA EN MAYAMIIIIIII? Ahí está, diciendo que ella es del PP y tiene carné del partido, pero que no está en contra de los gays, que hay de todo.


Y eso no es lo peor, por que para el sábado se viene a firmar libros el gran escritor tan destacado por su manera tan imparcial de contar la historia de España: CÉSAR VIDAAAAAAAL.


Si ya no iba al centro más que en finde, ahora me voy a guardar bien en casa, no vaya a
ser que me encuentre con uno de esos personajes, que solo pensarlo me da tiricia.


martes, 6 de noviembre de 2007

Insomnio


No puedo dormir. Es una costumbre que tengo desde hace mucho tiempo. Hay quien no puede entender por qué. Dormir plácidamente se ha vuelto un mito de la vida acomodada, un lujo burgués, por que los currantes de verdad se levantan a las cinco para que no les pille la caravana. Yo en cambio tengo lo que quiero, por más que no quiera. Tengo la penumbra de un cuarto con un ventilador que da vueltas y se me lleva los pensamientos, que van fluyendo en la pereza de estar cansado y no poder dormir. Y un ordenador portátil en el que escribo cuando estoy desvelado. No siempre artículos de este blog, la mayoría de las veces documentos de word con títulos como Sustantivos intermedio.doc, Test modismos.doc y muchos otros para que los niños se entretengan y no me den la vara cuando estoy en clase, amorrado a la botella (de agua) pensando, Dios, que sueño que tengo, joder.

Pero no es el mío un insomnio trascendente, ni siquiera es insomnio, que se diga. Yo creo que es un ritmo diferente e indisciplinable. Lo bueno de tener novia –ya da igual, la que sea- es que acabo durmiendo cuando ella duerme, y si no al menos me entretengo acariciándoles la espalda, la nuca y el pelo. Es bonito. Ahora en cambio estoy en la cama leyendo libros de la biblioteca West Kendall, sobre cualquier tema. Lo último es un volumen sobre la trayectoria de grandes sagas de los negocios. Menuda panda de cabrones.


Apago la luz y me pongo a pensar en vidas paralelas, gran destrozo mental a la par que afición mía de toda la vida. Me veo casado, en una playa, gritándole a un Borja que como se coma la arena voy a tener que ir a calentarle el culo, o como te ahogues te mato, y cómete el melón, y luego tu media horita para la digestión, alguna cosa de esas. Me veo, la verdad, me veo en mis vidas paralelas. Podría tener grandes volúmenes si no fuera por que voy olvidando los episodios, que no tienen una sucesión muy lógica. Y como me veo en cualquier lugar, con una o con otra, que ya te juro que todo me da igual, me pongo a pensar a ver en que coinciden todas las historias a ver si encuentro un punto en común que me indique qué coño quiero en esta puta vida, por que lo que no quiero me parece cada vez más claro que tampoco lo sé. Me duele la cabeza de tanto pensar, qué agobio. Y si miro el ventilador un rato largo ya ni me doy cuenta de que las aspas se mueven tan cíclicamente, coño, ya estoy otra vez pensando, joder.

Contenido trascendental de mis pensamientos mundanos en esta sala de espera llamada habitación (¿ciudad, país, mundo, vida terrenal?) Cada uno tiene lo que quiere. Y yo tengo un ordenador portátil en el que escribo en este blog (gracias a una conexión que no pago yo), un coche medio chungo, cuatro camisas, el derecho a pernoctar en un cuarto de un piso de alquiler y un papel timbrado que certifica mi condición de funcionario con los derechos y deberes que a tal condición se le suponen según lo establecido bla bla bla. Por que he querido, y me ha dado a mi la gana, que podría haber tenido otras cosas. Lo menos una hipoteca para pensar que vivo mal, coño, pero es por una razón lógica, ostias, no por mi mala cabeza, inquietud, desapego mundano, miedo o incapacidad para llevar una vida estable (sigamos pensando: ¿realmente hace falta?) Ah, y tengo cien dólares en mi cuenta y un cartón de Winston que ya se está acabando con eso de velar las quijotescas armas. Me levanto y me voy al baño a remojarme el rostro ojeroso tras comprobar en el espejo traidor lo vieja, gorda y fea que se está volviendo la masa de carne que envuelve mi alma insomne. Dentro de poco estaré a punto para el grecian 2000.

Ahora mismo me encantaría estar en España, tener el Stilo y recorrerme la península de un lado a otro, parar a comer bocadillos de pepito de lomo en los bares de carretera, beber coca-cola de lata y escuchar discos de Blondie, Blur y Radiohead a 150 por hora. Dentro de un rato querré otra cosa.

Ahora solo me queda esto. La noche, una habitación, un paquete de tabaco y un puñado de neuronas sospecho que defectuosas. Para mañana, esperanzas de que a la clase venga la diosa transoceánica a mostrarme el escote, la sonrisa y la mirada fulminante de prometedora y desterrada princesa del glam isleño. O al menos que pasen las horas no sé para qué.

Mi reino por un porro, un poco de modorra, soñar con cosas extrañas como toda la vida, o al menos, Dios mío, si no quieres concederme el favor del sueño, que miserablemente admito que no me he ganado, pon algo que no sean zanahorias en mi nevera.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Polvora y alcohol


Yo estaba sentado en la mesa del salón de mi residencia en Broadwater Residential Apartments, tras apagar la televisión. Eran las siete y media de la tarde. Me preguntaba si debía ir a South Beach o esperar a que Irene me llamara para ir con sus huéspedes a Mango's en Ocean Drive, mientras Mr. Delgado estaba haciendo tortillas de patatas para ir al Pot Luck al que le había invitado (y a mi por extensión) la profesora L.

Yo ya le había dicho a Mr. D que declinaba la oferta, pero visto que I. no me llamaba, pensé que me podría pasar un rato por la citada reunión de amigos (no nos atrevamos a llamarla fiesta). Además no estaba lejos, milagro, solo unas veinte calles hacia el East, pasando Kendall Drive.

Zumbido poderoso del motor de un Daewoo blanco, Blondie sonando por los altavoces. En quince minutos llegamos a una casa unifamiliar en un barrio de casas unifamiliares. Allí estaban varios profesores sentados en corro junto a una mesa en que habían unas viandas bastante penosas: ganchitos, galletitas con sabor a queso y croquetas chungas, con lo que la tortilla de Mr. tuvo bastante éxito, quizás sería por su implícito exotismo españolero. A cambio había cerveza y otros licores. La película de la sirenita no parecía llamar la atención de los dos niños que correteaban por la casa, pero a mi se me iba la vista, por que me estaba enterando de bastante poco de lo que contaban, y todo me parecía bastante rollo. Luego me llamó I para decirme que irían a cenar al Dolphin Mall y volverían a casa pronto. Le respondí que mejor me quedaba en el Pot Luck. En cuanto volvía a entrar en la casa me lancé al cubateo. Poco después vino el hindú homosexual plumeado, Angela y su Husband y Miss Tetas Inmensas 2007. Ahí mejoró la cosa. Empezaron a poner a la peña del cole a parir, empezando por la Pregnant Bitch y acabando por no sé quien por que no conozco a la mitad. Somos dos mundos aparte. Ellos son de Language Arts, hablan inglés tra la la, y yo soy de un chungo departamento (de español) corroido por el cubaneo más intrigante y frijolero. Yo les escuchaba, intentando pillar al menos la mitad de lo que decían, mientras trasegaba sin tasa cubatas de Dewars 12 años con Coca Cola Plus (enriquecida con vitaminas y minerales, oiga) Subieron el volumen de la música, y nos pusimos a hacer un contest de Tequila Shots. Yo propuse que se intentara silbar después del trago...y fui el único en conseguirlo. Mucho entrenamiento en el pueblo de mi padre. Les conté que en España es tradición intentar silbar después de tomar un chupito. Es mentira, evidentemente, pero lo que mola de estar en el extranjero es que te puedes inventar las tradiciones que te de la gana. Yo lo estoy probando también con prejuicios y frases hechas. ¿Qué clase de prejuicios? Por ejemplo, no comer costillas de vaca. Angela y su husband me contaron que iban al Sports Bar (sí al mismo al que yo fui, el de las familias comiendo carnaca) y que se ponían ciegos de costillas de vaca con miel. Mucha miel. Me recomendaron las costillas. Les dije que ni por pienso, que en España hay una larga tradición de no comerse las costillas de nadie y santas pascuas.

En esas, estábamos lo suficientemente alcoholizados para echar otro chupito de tequila, esta vez extraido de una botella de Cuervo de medio galón (qué barbaridad). Yo le miraba las tetas a la que tenía las tetas como tanques, que resultó ser mexicana, nacida en Hialeah (barrio feo del North West de Miami). El generoso escote no podía resistir la opresión de tan gigantesco tetamen, el cual pugnaba por liberarse. Yo lo comprendí solo con mirarlas. Quizás las más grandes quye haya visto así tan cerca. Me eché otro cubata para aplacar mis animales instintos, más güisqui y más Coca-cola Plus, que hay que estar sanotes.

Fue entonces cuando el marido de L., que es teniente de la policía, sacó su metralleta MP15 del calibre no sé cuantos. JODER. Y yo la pillé, y ostia puta, coño, que era una metralleta de verdad. Le pregunté, por si acaso, si era de verdad, y me dijo que si, que era de verdad. Y yo la tenía en las manos, sin el cargador puesto (¿Y si hay una bala en la recámara?) y veía a los niños corretear por ahí, de hecho el padre-policía le tuvo que quitar una botella de cerveza a la pequeña, que ya se estaba amorrando. Y mientras me explicaba a mi y al husband el mecanismo de la metralleta, yo estaba ahí alucinando. Se la dejé al Mr. Delgado, y luego nos hicimos fotos con ellas, ja ja ja. Fui a ponerme un cubata más, y cuando volví, el policía había sacado una Glock automática, una no sé qué semi- automática que había que amartillar tras cada disparo, y un revolver de cañon corto. ALUCINANTE ARSENAL. Estuve jugando con las pistolas, sintiendo el frío tacto del metal en mis manos, su peso y su contorno, amartillándolas y disparando imaginariamente a la ventana y los jarrones del salón. Sentía ese sonido tan peliculero, ese clic clic clic cada vez que apretaba el gatillo. También me hice fotos con una de ellas, con cara de flipado. Y entonces se me ocurrió ponerme una de las pistolas en la frente.

Sentí el frío tubo de metal en la sien, el dedo acariciando el gatillo... era una sensación acojonante.
Apreté el dedo y disparé.

Aquel clic sonó como ningún otro en mi vida.

Cuando me vieron me quitaron la pistola. Seguí bebiendo. Tremenda noche.

Fragmento del diario de Asquebud

Poco después llegó Hilmer. Se sentó sin ceremonias en la mesa, pidió un plato, y mientras se remangaba la camisa, dijo que se iría al día siguiente. Ni siquiera sabía adónde. Probablemente dónde se quedaría allí donde se acabara la gasolina de su vieja furgoneta. Era algo que había querido siempre hacer, empezar a vivir en cualquier sitio que no hubiera elegido. Un lugar cualquiera. Creo que era como un reto personal, para probar que no necesitaba nada ni a nadie, lo cual me parecía desacertado.
- ¿Nunca has sentido que echas de menos un lugar, un paisaje, un atardecer?-le pregunté
- Sé a lo que te refieres. Pero te diré una cosa. Echo de menos los paisajes que no he visto, los atardeceres que no he contemplado, y en general, todo lo que no he vivido.
- Te pasa lo mismo que al tarotista telefónico –dijo Selene refiriéndose a mi- que por tanto buscar al final no te encuentras a gusto en ninguna parte.
- Puede ser, a veces lo he pensado –reconoció Hilmer- y no digo que mi opción sea la mejor, ni que haga lo correcto. ¡Si a mi lo que me gustaría es encontrar un lugar para quedarme, y tener una familia y cuidar de mi huerto! Pero no puedo, simplemente, no lo encuentro, y pienso que la vida es tan miserable, y tan breve, y me entra una profunda melancolía que no puedo resolver si no es yéndome a otra parte.
- Huyes, como yo he huido- sentencié.
- En cierta medida, si lo prefieres así. ¿De qué huyes tú?
- Creo que quiero dejar de ser yo mismo, de alguna forma. Ser otra persona.
- Eso suena muy feo—advirtió Selene-
- Sí –añadió Hilmer- ¿Por qué no empiezas por aceptarte a ti mismo?
- Por que no sé quien soy.
- El eterno desconocido. Hay que ver la desfachatez con que uno dice las cosas y se las cree. ¡Cómo si alguien lo supiera!
- No, no, lo digo en serio. –protesté
- No lo dudo –se apresuró a decir ella- pero quizás no hayas pensado que te equivocas. –se giró hacia Hilmer- y tú también. Tanto miedo por desperdiciar la vida os está haciendo tirarla por la borda. Para empezar tú, Helmut, deberías dejar de tener miedo a establecer lazos firmes con lo que vives. Y tú, telefonista, deberías dejar de tenerte miedo a ti mismo y a tus decisiones. Acepta que no has vivido una equivocación durante la mayor parte de tu vida, simplemente hiciste lo que considerabas correcto, por que no supiste más. Lo siento si os destrozo vuestro concepto alternativo de la existencia, pero deberíais dejar de lamentaros y enfrentaros a las cosas.

No estaba seguro de haberla entendido. Se dio el tiempo de sorber su infusión y sentenció:

- ¡Dejad ya de pensar tanto!

jueves, 1 de noviembre de 2007

Héroes.


¿Os creéis que soy un héroe por que he estado en Irak?

Larga ovación de asentimiento.

Pues no. Soy un héroe por que me he mantenido lejos de las drogas.

La voz en off toma forma cuando un soldado, vestido de soldado sube al escenario del salón de actos paladinesco. Entusiasmo, aplausos, ovaciones. Un verdadero soldado uh uh uh.

Hoy vengo a hablaros de lo malas que son las drogas.

Antes de la alocución del soldado hemos tenido un momento de éxtasis ceremonial cuando la negra culona (la misma de Atrapados, véase el artículo más abajo) ha hecho sonar la música y ha salido animando a los paladines. Les ha hecho repetir Say no to drugs en plan corifeo, como cien veces. Y los niños desgañitándose al unísono. Say no to drugs Say no to Drugs Say no to drugs. Después, aplausos para ellos mismos, por lo bien que lo han hecho. ¿What would you say if someone offers you drugs? NO. I can't hear you. No Y así otras tantas veces, para acabar con el marchamo de Say no to drugs.

Detengámonos un momento.

¿Se ha explicado en algún momento por qué son malas las drogas? No. Say no to drugs ha sido la consigna.

¿Quienes son los paladines? Gritaba la negra por el micrófono. We are, le respondía a coro el respetable (es un decir)Y así veinte o trenta veces más. ¿Quienes son los paladines? We are. ¿We are the paladins? Yes, we are. ¿Are you proud to be a paladin? Yes, we are. Estruendo de voces infantiles a ritmo militar. Ánimos exaltados. Pasión paladina a raudales. Say no to drugs!!!!! Say no to drugs!!!!!

Y entonces ha salido el soldado, no sin antes el efectismo de la voz en off.

Lo mejor: traía unos pulmones auténticos en unos tuppers. Auténticos pulmones, uno de un fumador y otro de un no fumador. Espectacular. Ahí estaban, colgados como pollos de un engendro especialmente preparado para colgar pulmones de gente muerta qu dona su cuerpo a la ciencia y acaba destripado y exhibido en una escuela. Esto es lo que pasa si fumas, decía el soldado meneando el pulmón que alguna vez dio aire a un ser humano. También sirvió para que ese ser humano fumara innumerables caladas de inumerables pitis, quizás en las pausas del jodido curro, escondido tras una esquina, o en el balcón de su casa, o después de un polvo. Nada de eso importa ya, su pulmón es como un humillante pavo requemado en acción de gracias. Lo sacan de un tupper y lo cuelgan. Después lo vuelven a meter en el tupper. Así hasta que el soldado vaya a fardar de héroe en otra escuela, o hasta que se pudra y ya no valga. Entonces pillarán otro.

Say no to drugs
Say no to drugs
Say no to drugs

Lo menos que podemos hacer es fumarnos un piti en su memoria.