No lloréis, hijos de Israel, no lloréis, por que Dios ha dejado caer sobre los orgullosos paladines la amarga sombra de la vergüenza.
Es miércoles por la tarde. Los paladines bajan de sus autobuses amarillos (sí, como los de las películas) e invaden los pasillos del Building C como si se abrieran los portones de las barcazas en Playa Omaha. Pero hoy no es un día como otro. Una oscura aflicción perfila sus rostros indefinidos de indefinidos preadolescentes. No muestran la misma bullanguera alegría, entre bromas y chanzas. Caminan rápido por los pasillos (no corren por que está prohibido) jaleados por el security al grito de Go to your class! Parece igual que todas las mañanas. Pero no lo es. (Ya lo he dicho antes)
Yo no tengo Home Room -sospecho que me habrán visto que para eso no valgo- pero hoy recojo a los alumnos de Mr. Savignon (léase Saviñón que era su apellido en Cuba antes de que se lo cambiara al llegar a los States) Una niña, al ver mi clase, me pregunta que de dónde soy. Le digo que en España. Me responde que CREE que su madre es de Puerto Rico, PERO NO LO SABE BIEN. Le pregunto:¿No sabes de dónde es tu madre? Responde que no, pero sabe que ella es latina. Claro, para que saber más. Es latina y está en Miami, como casi todo el mundo, qué más da.
Bueno, pues tomo la atendancia (en español asistencia, pero paso de intentar corregir esto por que es como predicar en el desierto) y enciendo la tele. ¿Por que enciendo la tele? Pues para ver una edificante emisión en sesión matiné en que aparece una bandera ondeante. Cuando toca el segundo pitido o timbre o como se llame, los niños se levantan desganadamente y se ponen la mano en el pecho (vale, también desganadamente). Suena la música patria y aparece la imagen de un niño como de los años sesenta (¡ese peinado afro!) que jura fidelidad a la bandera bla bla bla. Yo me mantengo en posición de firmes como muestra de respeto o de lo que me callo. Y me lo callo para no incurrir en un delito federal penado con la deportación fulminante, por que nadie quiere que eso suceda.
Pero a lo qué íbamos: ¿Qué pesada cruz cargan a los hombros de su conciencia? ¿A qué se debe su callada frustración y su subterráneo desapointment? ¿Qué oscura tragedia traumatiza su infantil corazón, lacerándolo con sus venenosas espinas?
LOS PALADINES HAN PERDIDO SU PRIMER PARTIDO DE SOCCER
Kevin M. (no escribo el nombre completo por que también es ilegal) entra en el aula avergonzado y explica que sí, que han perdido, se han hundido en el fango de la derrota. Hicieron lo que pudieron, jura. Pero no controlaban bien el balón, y todo cristo sabe que si no hay control del balón se hace bastante chungo ganar. Y si nos ponemos así, hasta se justifica que le hayan cascado cinco goles a cero.
Saviñón viene y comenta el partido, intentando subir los ánimos. Gestos graves en la audiencia. El doctor Ortiz (principal) aparece por la tele infundiendo ánimos. Solo es el primer partido, dice, nos queda un gran camino por delante para crecer y llevarnos nuestro primer trofeo, augura. Los paladines van a demostrar que son la mejor escuela del condado (the best school in county), continúa diciendo.
Pero nadie puede negar que hoy por hoy, los paladines son la puta purria de todo el distrito escolar. Por que están en una escuela nueva, sin trofeos que poner en las vitrinas, sin Smart Board en las aulas (la tienen que instalar, aún) y sobre todo sin una brizna de orgullo que echarse entre pecho y espalda. Ha caído sobre el símbolo paladinesco la mancha de la derrota. Por que han perdido el partido, coño, no vamos bien, joder, a ver si vamos a ser la vergüenza de la liga escolar.
Y eso que no saben que tres días después (friday) el equipo de soccer femenino se tragará cuatro goles más (y meterá cero) en campo propio.
¿Qué pasará el lunes?
Escrito por tropicopsicotropico el 24/09/2007 05:31 Comentarios (1)
lunes, 1 de octubre de 2007
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