lunes, 24 de diciembre de 2007

Me tienes frito

Señora X:

No me ocuparé de los condicionantes que te movieron a trasladarte, fugarte o exiliarte de esa isla que consideras una gran cárcel, y ni por un momento me atreveré a dudar que así sea. El caso es que viniste a Miami a buscar una vida mejor y acabaste siendo contratada para ejercer como profesora integrada dentro del Staff del Jorge Mas Canosa Middle School, vas a tener un hijo y tu marido trapichea de lo lindo con carros de ocasión, todo va viento en popa. Felicidades. Me extraña que te hayas vuelto una anticastrista furibunda, sobre todo teniendo en cuenta que escapaste con una visa de estudios hacia Méjico y de ahí te fuiste a la frontera estadounidense. Para tener una visa de estudios de Cuba hay que ser, cuando menos, de la confianza del régimen que tú denostas pública y repetidamente, y esto es algo que anoto aquí para que lo tengamos presente.

Recapitulemos: saliste de Cuba, viniste a Miami, te convertiste al anticastrismo integrista de la rama radical y ahora... ahora empieza la purga. Mal va a ir la transición cubana a la democracia si cuenta con reconvertidas revanchistas como tú estás empezando a ser, pero eso no me toca a mí juzgarlo, si acaso contemplarlo en el telediario. Te imagino con tu porte de portera paseándote por tu pueblo bien emperifollada, señalando con el dedo a los asquerosos colaboracionistas y presumiendo ante las antiguas vecinas de lo heroica que fue tu huida en pos de la libertad huyendo de la asfixiante que te resultaba el ambiente de degradación moral de la isla. Mirarás como distraída tu reloj imitación de Cartier de vez en cuando, que se note. O sea, te lo voy a decir claramente: ¿Por qué ostias no aceptas que viniste por que aquí se vive mejor que en Cuba y punto, como hacen los demás?

Estás preparándote para el examen de la nacionalidad, pues bueno, espero que te vaya bien y consigas el preciado pasaporte. Ahora, no sé que te están contando en esas clases a las que vas, pero sospecho que no se te ha ocurrido preguntarte a ti misma ni a tener opinión propia, que eso no es bueno. Demuestras ser de esas personas que no hacen distingos, los buenos, los malos, la vida desde tu punto de vista es fácil. ¿Qué dicen los oráculos? ¿Que el comunismo es el diablo? Pues ahí estás tú, que te has convertido en una especie de comisario político del pasillo de la segunda planta donde tenemos la dudosa suerte de tener designada un aula yo y unos cuantos cubanos a quienes tienes bien vigilados, no vayan a salirse una coma de tu nuevo ideario político, ese que te han enseñado. Ideario que sospecho que has aceptado tan limpiamente como en Cuba aceptaste el otro, por que es lo que tocaba. Y no olvides demostrar en cada momento lo muuuuuuy anticastrista que eres, no lo vayamos a olvidar por un segundo, pobres pecadores.


Tienes alma de cerril inquisidora tocinera de sal gruesa, para que negarlo, de cazabrujas al estilo McCarthy.


Tu marido es de Marianao, la Habana, y te cuento que en mi pueblo hay un barrio que se llama marianao y toda esa historia, que Sant boi está hermanado con Marianao y tal. Tu respuesta es: colaboracionismo. Los españoles no tenéis vergüenza. Otro día se ve que te dijeron que Zapatero era del PSOE y me viniste con el cuento de que los españoles somos unos comunistillas, esa fue la palabra que usaste: comunistillas. Todos, por supuesto, ya sabemos que tu no estás para distingos. Venga, los españoles a la hoguera, son todos iguales, menudo país. Y aluego se te ocurre lo de los hoteles cinco estrellas que hay en la isla y que son de capital español. Quien te explicará a ti que yo, o sea, fíjate bien a ver si esto lo pillas, que yo, un servidor, no tiene participación ninguna en el establecimiento de cadenas hoteleras en Cuba, que no tengo acciones de hoteles, que no soy el hijo del señor Melià ni nada de nada. ¿Y qué decir del día en que me pillaste con el señor S. recordando canciones de Silvio Rodríguez? Por poco no estallas de indignación, por que Silvio es comunista (alargando la i) y por tanto, a la guillotina todo él y todo lo que ha hecho. No intentéis argumentar con la señora X., cuando ella dicta que algo es comunista no hay nada que hacer. ¿Qué tiene de comunista –pregunté- lo de ojalá o lo del unicornio azul que se me perdió? Nada que hacer. Mensaje para Silvio: si lees esto empieza a temblar, por que como los que vengan sean todos como la señora X., lo tienes muy crudo. Ah, y lo peor es la encendida y siempre indignada declaración de la Señora X, extrañándose de que Silvio llegara a España, con los buenos cantantes que tenéis los gallegos (españoles): Julio Iglesias (oigh) que es como Sinatra (¿?), Nino Bravo, la Jurado y, cágate lorito, el Puma. Toma ya.

¿Pero como puedes ser tan inculta y, digámoslo sin ambages, tan cacho de burra? Eso además de casposa, ni te cuento. Y aluego esa cara de asco que pones.

A mi me mola provocarte y te cuento que cuando yo era adolescente había en mi pueblo una campaña de recogida de lápices para los niños de Cuba. Me interesaba comprobar cuál era tu reacción al respecto. No hay tiempo para la reflexión: colaboracionismo propio de comunistillas (¿a la guillotina?) La discusión subsiguiente fue interesante. Le pregunté si un niño no merecía tener un puñetero lápiz para escribir la p con la a, pa y todo eso. Pues según tú, o sea, según una profesora titulada, una profesional de la educación, va a ser que no, que eso es colaboracionismo, y ya sabemos las simples ecuaciones que hay en tu cabeza: colaboracionismo es caca. Pero coño, o sea, señora X., piensa un poquito, coño, por una vez. Eso si mencionar que si ahora disfrutas de un puesto de profesora (formada en las mejores escuelas de magisterio cubanas, por cierto) será por que alguien alguna vez te puso un puto lápiz en la mano, no sé si con acierto, por que para lo que te está sirviendo, pues vamos aviaos.

En fin, señora X., te lo digo claramente: me tienes frito.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Jerry Springer

Imagina la historia, sin duda altamente literaria, con todo lo que ello significa. Un enano enamorado de una trapecista. Hace tiempo leí un cuento sobre ello, uno de esos relatos difusamente amargados y terriblemente contemporáneos. Una noche de amor fingido, sucio, polvoriento, en un motel de Sacramento, camino de ninguna parte. Todos somos alguna vez, a veces indistintamente, a veces alternativamente, enanos ridículos o bellos y habilidosos artistas del vértigo del trapecio. En América nadie es nada y es muchas cosas, a veces indistintamente, a veces alternativamente, todo está por hacer, vives en las afueras, sonríes a los compañeros de trabajo y les mandas correos electrónicos con felicitaciones navideñas, les dejas unos caramelos en forma de alegre bastoncillo en su box, te compras un coche estupendo y potente, formas una familia por que es lo único real que tienes al alcance. No se admiten disidencias, para lo demás está la televisión: la liga NFL, carreras de la Nasdaq, videoclips de reguetón, California, el Grinch que roba la navidad, perros que hablan, vivimos en un país libre.

Pero el absurdo ronda, existe en demasía como para evitarlo, más aún, se le conjura en artificios catódicos, se trastoca su provocación lúbrica, dudable, pringosa, salvaje, demasiado cercana para no resultar atractiva, demasiado lejana para mancharse los dedos, inesperable y sobrada, siempre imperdonable y siempre ridícula.

Vivo a seis millas de la escuela. Algunas mañanas cojo el coche y salgo disparado hacia la 137 avenida, paso la BP, la esquina del Wendy’s, si tengo suerte apenas me paro en el semáforo de la 120 Street, atajo por la 112, entre las casas unifamiliares, hay que saber cuál es el recorrido adecuado para no quedarse atascado en algún lado. A las once y pico de la mañana recaliento literalmente lo que sea y como viendo Jerry Springer en TBS, canal 11.

Un enano sale de la puerta de invitados con un ramo de flores amarillas. Jerry Springer sabe que tiene que superarse a sí mismo cada día, qué sería si no de él. Uno piensa que no, hombre, eso no, que no puede ser que se aprovechen del pobre enano para su espectáculo absurdo y desquiciado, sin darse cuenta de que el absurdo no perdona a nadie por que, como la realidad misma, solo es una interpretación, vigila a ver como la cuentas. El enano es la carne desguazada, la esencia misma del patetismo de lo absurdo, de su irónica sonrisa desdentada y cerulenta. Flores amarillas, una camisa del Wal-Mart, un gesto simiesco, el enano afirma que está enamorado de una mujer y que viene a solicitar que ella le acepte. El circo abre el telón, el público lanza una ovación cariñosa, la maquinaria comienza a girar, alguien en un despacho de la cadena se frota las manos observando los monitores, el regidor enfoca el rostro del enamorado, uno piensa, bueno, hasta ahora no ha pasado nada. ¿Qué es lo que nos extraña? ¿Acaso no se puede enamorar un enano?

Aparece como un tifón una mujer entrada en carnes, se acerca al enano, le agarra el ramo, casi arrancándoselo de las manos, mientras el minúsculo hombrecillo se azora en hincar una rodilla en el suelo, comenzar su largamente ensayada declaración de amor por encima de todas las cosas.

No le da tiempo.
La mujerona le atiza con el ramo en la cabeza, varias veces, mientras el enano reacciona mal, confuso. Cientos de pétalos amarillos vuelan por el aire viciado del estudio de grabación, ovación cerrada del público, un segurata se acerca para apartar a la muchacha antes de que agarre por el cuello a la pequeña réplica de ideal romántico. Repuesto, se arranca la camisa y se golpea el pecho desnudo con rabia torera: “You say you wanted me” dijiste que me querías. Empiezo a darme cuenta de que el enano sabía que esto iba a pasar.

Y pensar que a Beckett le dieron el premio Nobel de literatura. Señores de la academia sueca, que poco ven ustedes la televisión americana, donde no hace falta más que frotar los escozores, purulentos sarpullidos, de personajes que pululan por el mudo mundo disimulando lo que pueden llegar a ser –lo que en esencia son- en sus quince minutos de fama. Lo importante es poner cámaras. Saberse filmado infecta e inflama lo que sospecho como algo inherente al ser humano: revolcarse en el barro de tus propias miserias. No hay catarsis posible, no hay absolución. Solo un clamor en el público –las jovencitas bien peinadas de la tercera fila que sonríen, el cincuentón de la camiseta 3XL con la bandera USA- queda al final de tanto desperdicio ajeno, ahí está, pudriéndose a ojos vista en alta definición a chorrocientos fotogramas por minuto.

La individua es interpelada por el moderador, quien le pregunta cuál es la causa de su enfado ¿Acaso no durmieron juntos una noche? Ah, cuan grato me resulta al oído el eufemismo, hay que joderse. VALE; ESTABA BORRACHA grita la tía, JODER, ESTABA BORRACHA, OSTIAS, y se indigna. Lo interesante es que un pitido se sobrepone a los fucks y los damned, salvaguardando nuestro delicado oído de vocabulario hiriente e inapropiado, menos mal, que sería si no de nosotros, y joder, ¿qué pasa si esto lo ve un niño? Pero tranquilos, estamos a salvo, menos mal. Mucho pitido, eso sí. La señorita que se emborrachó argumenta que su novio la había dejado y cayó en el alcohol, último recurso, siniestro y asqueroso, que la ha llevado a la degradación, como está viéndose. El público, en plan circo romano, la entiende y la perdona magnánimamente. Y uno piensa en lo mucho que debe haber bebido para... ¿pero es que no se daba cuenta? O sea, que les pasa a las tías, que les parece que decir que estaban borrachas resulta una excusa convincente para cualquier cosa. Mea en la calle, la graban y luego lo emiten en impacto TV. Respuesta: estaba borracha. Tiene pasta de dientes en el pelo, estaba borracha. (Lo peor es cuando beben y dicen que tienen ganas de “hacer locuras”.) Se lía con un enano por que le daba morbo y punto. Respuesta: estaba borracha. Fue un error. Todo lo que no conviene fue un error, estaba borracha, no sabía lo que hacía, yo es que con poco que beba se me va la cabeza.

El enano también está cabreado como una mona, (presuponiendo gratuitamente que las monas se cabrean) y le dice que gracias a ella ha descubierto una cosa muy importante en su vida. Silencio expectante. Él creía, o sea, hasta que ella dejó que su borrachera les uniera, él creía que era gay. Pero la muchacha de la cogorza le ha hecho ver la realidad de su orientación sexual.

Detengámonos un momento: un enano gay se lía con una regordeta bien aderezada de tequila... ¿Cuál es el puto problema? pienso yo. Estas cosas pasan, joder, quien soy yo para juzgar a nadie, más aún si con ello acabo descubriendo que nada me distingue de la masa informe de público que ulula en sus gradas.

Pero el espectáculo muestra sus bien trabados engranajes, esa pericia inquietante. Step 1: sale el novio de la muchacha, un afro americano con pintas de drogadicto hiphopero del Overtown. Hasta ahora, pobre de mi, solo habíamos asistido al prólogo. Lo bueno es ver al enano lanzándose con repentina saña a morderle los huevos al afro americano (más arriba no llega), acabando los dos revolcados por el suelo en indómita zarabunda de cuerpos disformes restregándose. ¿Debería reírme? Esta duda me acosa.

Fin de fiesta, happy ending: sale el novio del enano, que resulta que tenía novio, por que como ha comentado, es (era) gay. con toda la pluma de una almohada de plumas, el novio recrimina amargamente (esa mano tonta) que el enano en quien había depositado su “love and trust” quiera dejarle por esa “bitch”, quizás sin darse cuenta de que ya hacía tiempo que el enano le había dejado, creo yo que más o menos cuando decidió (solicitó) venir al infame programa para revolver bien la mierda de una vida –como todas- sin demasiado sentido, quizás con el pueril deseo de cambiarlo todo o de confirmar su triste pero real esencia. En fin, que el novio no tarda en darle un par de mecos al sufrido enano, que se vuelve a defender atacando furibundamente las delicadas partes bajas. En mi cole eso se consideraba deshonesto, pero dime tú a ver que te queda cuando eres enano y apenas mides un metro (3 pies según medidas anglosajonas).

A estas alturas, el público grita desaforadamente, que diversión, menuda locura.

Llega la hora, tengo que volver a la escuela a educar a los niños de los condos vecinos, los que irán al Publix con sus padres y me saludarán en el pasillo de canned meats, los que se pasan todas las pantallas de todos los juegos de la playstation, los que hacen orgías en los lavabos de la tercera planta. Tengo que coger de nuevo el coche, salir disparado hacia la 137 avenida, pasar la BP, la esquina del Wendy’s, si tengo suerte apenas me paro en el semáforo de la 120 Street, atajo por la 112, entre las casas unifamiliares... todo lo mismo pero al revés.

¿Que sucederá con el enano gay? ¿Se reconciliará con el novio plumero? (que por cierto, es bajito pero no enano). ¿Se cortará las venas mientras adolece en la bañera de un motel de Sacramento? ¿Nadie se ha dado cuenta de que la historia del enano da para una novela sobre lo absurdo de la vida contemporánea? ¿Todos somos enanos?

Un fulgor repentino y breve. Silencio. Presionando un botón el televisor se apaga.

Todo vuelve a la quieta calma en que vivía.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

A ver si me encuentras


Haz clic en la foto.
Nota: Si has leído el post titulado quien soy yo sabrás quien es S.

Reguetón

El locutor, aumentando unas octavas su habitual tono de entusiasmo generalizado y viva la pepa que acostumbran todos los locutores de radio fórmula, recuerda al ¿sufrido? oyente que Miami es la capital mundial del reguetón. ¿Que no querías reguetón? Pues toma cuatro tazas. En la omnipresencia del reguetón en locales de todas partes (ese Atarazanas arrabalero, ese suntuoso Santo que casi besas el suelo si te dejan entrar) hay una... ¿canción? que sobresale por encima de las demás. Movido por una curiosidad malsana, voy a pedir al lector de este blog que realice el siguiente ejercicio.

Instrucciones:

1. Lee la letra de la canción.
2. Reflexiona sobre las líneas subrayadas (por mi) además del conjunto de la letra.
3. Observa el video, ya para rematar.
4. Vota en la encuesta. Puedes añadir comentarios aquí si lo precisas oportuno.


ATREVETE POR CALLE 13

Atrévete, te, te, te
Salte del closet, destápate, quítate el esmalte
Deja de taparte que nadie va a retratarte
Levántate, ponte hyper
Préndete, sácale chispas al estárter
Préndete en fuego como un lighter
Sacúdete el sudor como si fueras un wiper
Que tu eres callejera, "Street Fighter"

Cambia esa cara de seria
Esa cara de intelectual, de enciclopedia
Que te voy a inyectar con la bacteria
Pa' que des vuelta como maquina de feria
Señorita intelectual, ya se que tienes
El área abdominal que va a explotar
Como fiesta patronal, que va a explotar
Como palestino...

Yo se que a ti te gusta el pop-rock latino
Pero es que el reggaeton se te mete por los intestinos
Por debajo de la falda como un submarino
Y te saca lo de indio taino
Ya tu sabes, en tapa-rabo, mama
En el nombre de Agüeybana
No hay mas na', que yo te vo'a mentir
Yo se que yo también quiero consumir de tu perejil
Y tú viniste amazónica como Brasil
Tú viniste a matarla como "Kill Bill"
Tú viniste a beber cerveza de barril
Tú sabes que tú conmigo tienes refill

Atrévete, te, te, te
Salte del closet, destápate, quítate el esmalte
Deja de taparte que nadie va a retratarte
Levántate, ponte hyper
Préndete, sácale chispas al estárter
Préndete en fuego como un lighter
Sacúdete el sudor como si fueras un wiper
Que tu eres callejera, "Street Fighter"

Hello, deja el show
Súbete la mini-falda
Hasta la espalda
Súbetela, deja el show, más alta
Que ahora vamo'a bailar por to'a la jarda
Mira, nena, ¿quieres un sipi?
No importa si eres rapera o eres hippie
Si eres de Bayamón o de Guaynabo City
Conmigo no te pongas picky
Esto es hasta abajo, cogele el tricky
Esto es fácil, estoy es un mamey
¿Que importa si te gusta Green Day?
¿Que importa si te gusta Coldplay?
Esto es directo, sin parar, one-way.


Yo te lo juro de que por ley
Aquí to'a las boricuas saben karate
Ellas cocinan con salsa de tomate
Mojan el arroz con un poco de aguacate
Pa' cosechar nalgas de 14 quilates

Atrévete, te, te, te...

http://www.youtube.com/watch?v=JLHuDDdo-90

sábado, 15 de diciembre de 2007

¿Quién soy yo?

Me sentía feliz, radiante como pocas veces, mientras rodaba por la US 1, para luego, en un golpe eficaz, preveyendo la aglomeración que comenzó por la 30 avenida, girar hacia Coral Way. Las decoración luminosa de las casas unifamiliares con jardín y grandes coches en la puerta, la radiante calle 24, la más bonita de la ciudad, con su inmensa iglesia griega ortodoxa y los restaurantes cubanos de alto copete, los rascacielos del Downtown en la cálida noche de diciembre. 1,50$ por pasar el peaje que hay a la entrada de Key Biscaine, y entonces el puente que sube y deja contemplar la más resplandeciente visión de la bahía iluminada, los edificios reflejándose en el mar. Tercer semáforo a la derecha, community center. La agregaduría de Educación de la embajada nos invitaba a la fiesta para profesores visitantes. Uno no sabe si imaginarse una escena con Ferrerorochers o un guateque con patatas fritas de bolsa chunga oferta 3x2 en el Publix. Al final resultó una cosa intermedia con cátering de restaurante seudoespañol y agregado cultural de sempiterna camisa azul celeste como invitado estrella. Esperaba ver a un montón de profesores de los que había perdido la pista hace tiempo, pero me encontré con los de siempre, los que somos de ir a estas cosas. Vino de rioja, cerveza San Miguel-donde-va-triunfa, fugaz aparición de jamón serrano, hola que tal, como te va en tu escuela, qué haces últimamente, cómo lo llevas. Vivir en Miami es duro. Resulta un lugar extraño. Sales al balcón de fumadores y contemplas la ciudad iluminada, la piscina azul más abajo, los semáforos y el gran árbol de navidad a la derecha y no puedes menos que pensar que no podías morir sin haber visto esto, sin sentir este momento de calma y de placidez, sentirte por fin a gusto con lo que eres y con donde estás, lejos del extraño silencio de los Hammocks y sus muros, sus parcelas, sus casas cerradas, sus farolas de luz amarillenta (¡amarillentas!) Todo pasa y todo queda, y a mi me queda un instante en el trópico, en mangas de camisa en pleno diciembre, contemplando el fulgor de una ciudad inquietante, un lugar altamente extraño.

Lo extraño te persigue, resulta inevitable pensar en cómo todas las cosas de este mundo se concentran en un solo punto desasido, tambaleante. S. concentraba todas las miradas, con su vestido rojo impactante, su escote, su extraña forma de maquillarse. A mi me alegraba verla feliz, integrándose en todas las conversaciones. Sabía que necesitaba esto, salir, hablar, respirar, tomar un poco de aire, encontrarse fuera de Hallandale Beach, reirse, escuchar anécdotas extrañas de visitas a la reserva de indios Seminole, añoranzas de Sevilla del auxiliar de conversación de la FIU, vivir. El día anterior habíamos hablado largo rato, en la hora en que los alumnos que compartimos estaban en la fiesta del Honor Roll recogiendo sus diplomas de empollones conspicuos. Ella me decía que no sabía si vendría a la fiesta por que el novio no la dejaba. S. lo está pasando mal, yo no sé si debería contar aquí su historia, que por lo demás es igual a tantas, tantas veces escrita, tantas veces contada. S no va a leer esto, sería mejor que no lo hiciera, el novio podría controlarle las páginas que visita, como le controla las llamadas del móvil, podría reconocer la inicial, algunos detalles, menudo lío, ya se ha montado otra vez la de dios. S. llega a la escuela ojerosa por que se pasa los días y las noches discutiendo, luchando por cada centímetro de libertad, por cada molécula de oxígeno antes de ahogarse definitivamente. S llora mucho, se vuelve pequeña cuando él llama, mira asustada el teléfono cuando suena.

Es problema suyo.

Es así de duro, así de real. Nadie la obligó, nadie la obliga, y nadie puede hacer por ella nada que ella no haga. Nadie podrá nunca convencerla de que el amor no es esto. Puede ser muchas cosas, pero esto no. Vamos, digo yo, que sé pocas cosas, y me considero bastante gilipollas en bastantes aspectos. Hasta ahí, sin embargo, llego. Que te dice la ropa que tienes que ponerte, que te manda esperarte en casa hasta que el vuelve del trabajo a las nueve de la noche y enciende la tele, que no te deja salir con nadie, que te grita, que te mira con desprecio, que le tienes un miedo cerval (qué palabra más extraña). Problema tuyo. Puede ser una especie de sarampión que cierta gente tenemos que pasar, aquí el menda con una hija de puta de Sabadell como ejemplo. Por que solo te pasa lo que permites que te pase y por que cuando dices que en verdad le quieres pero que no has sabido hacerle entender que tiene que cambiar, que en el fondo es bueno, vaya, esto parece la peli de te doy mis ojos. Tía, S, o sea, no sé como decirlo, te lo mereces. Así de simple. Nosotros, los profesores visitantes, los que trabajamos contigo te hemos visto sonreír, podemos decir más que aquel-que-tiene-que-cambiar.

A las once cerraban el Community Center, y los salones de con sillones de mimbre y profusos cojines, las paredes con cuadros de marinas elegantes y azules, el reluciente mármol y los estilizados jarrones con flores secas y ornamentos orientales, todo quedaría pronto inundado en la más produnda oscuridad. S desapareció, la había visto hablar por teléfono en una esquina del balcón, reconcentrada en ella misma. Recogimos los restos de tortilla de patatas, ensaladilla rusa, botellas vacías, algo de embutido, manteles blancos. Despedidas, besos, ¿vuelves a España en Navidades? Ya nos veremos después de las vacaciones.

Diego y yo quedamos en South Beach, entre la doce y Euclid. Tenía ganas de ver a Eli, su sonrisa, de hablar de temas profundos haciéndome un poco el interesante, de verla bailar salsa, y que me arrastre a la pista y me haga dar vueltas , de decirle que siento que me va sumando y restando puntos (puntos positivos, puntos negativos) y que me acepte como soy, que no me diga más que aún no nos conocemos, que me deje llevarla a casa ahora que no tiene coche y para mi no es un problema hacerle el favor, que sea lo que sea que salga entre nosotros estoy contento de haberla conocido y quiero seguir conociéndola.

Aparco en Meridian, bajo los inmensos árboles del paseo y llamo a Diego. Está con S y con el sr. Delgado. Todavía están en el párquing de Key Biscayne, siguen intentando decidir si vendrán a la playa. Me pasan el móvil, hablo con uno y con otro, menuda confusión, bromas inacabadas, cometarios jocosos, mucha risa tonta. Parece que vienen, así que les digo que voy a esperar aquí. Supongo que serán veinte minutos a lo sumo. Bajo a Washington a comprar tabaco en un supermercado de esos que sobreviven entre las discotecas superguays donde las imitadoras de beyoncé esperan en la cola a ser elegidas para ingresar en el convento de la noche con sus botellas de tequila a 300 dólares (yo lo he visto). Acabo en Ocean Drive, paseando por la vereda del mar, la música a lo lejos, tras los coches de lujo aparcados en doble fila.

Eli sigue en Brickell, dice que duda de que vengan a South Beach, me siento en un banco del párquing. Llamo a Diego a ver si vienen. Llamo a Mr. Delgado, llamo a S. Nadie responde, vuelvo con la ronda de llamadas. Diego ya está en su casa. Voy allí. Me cuenta que tenían a S. medio llorando en el párquing, no había manera de irse. Mr. Delgado acaba de aparcar en Alton Road con la 11. Cuenta que S. estaba fatal, arrasada de lagrimones, preguntándole que qué creía él que era el respeto; el respeto como concepto. Él llama, le dice que está en Key Biscayne, a una calle de dónde ella está. Con gesto de pánico, le dice a Mr. Delgado, tapando el auricular, que se vaya, vete, ¡vete QUE SE PONE MUY VIOLENTO! Y Mr. Delgado se va por no empeorar las cosas, siempre por no empeorar las cosas.

Comentamos lo sucedido de camino al Buck 15, recriminamos, nos lamentamos de que pasen estas cosas, coincidimos en que es la misma historia mil veces contada, y ya está. Vamos, que ya está. Pasamos Lincoln Road, comentamos la profusión de silicona en el personal femenino, nos sonreimos al ver al tío con faldas que baila ridículamente junto a un banco, el plato en el suelo. Acabamos esperando sentados en un reborde a que nos dejen entrar en el antro. Suena el teléfono y me palpita el corazón pensando a ver si va a ser Eli, qué bonito que me llame. No era Eli, era S. No escucho bien. Suena una voz de hombre diciendo mi nombre. Se corta, vuelve a sonar, la misma historia. Miro a los dos colegas y les digo que un tío me está llamando con el teléfono de S. Concluimos que el novio debe haberle pillado el móvil y habrá visto mis dos llamadas perdidas, que ahora se dispone a ajustar cuentas. ¿Qué le digo? Ellos me repiten que no empeore las cosas a ver si la va a arrear. Siempre lo mismo, no empeorar las cosas, no empeorar las cosas, es lo mejor, no empeores las cosas, que la metes en un lío, que a ver si la va a zurrar.

Me siento gilipollas, más gilipollas de lo normal, me refiero. Y me pregunto por que a mi, que he hecho yo para merecer esto. Vuelve a llamar, esta vez con un número extraño. Me pregunta que quien soy y yo, yo, no le dije que a ver quien coño era él, que a ver quien coño era él para llamarme a mi, a estas horas de la noche. Da igual, me informa de que es el novio de S. Es un ser despreciable, y aquí, a la puerta del Buck 15 le tenemos muchas ganas, nos sentimos los tres indignados y le daríamos una somanta de palos, por cabrón y por hijo de puta.

Uno nunca sabe cuanto se puede deformar la realidad, iba a decir que en una mente enferma, pero la realidad se deforma por que no es real, solo una apreciación, y Miami es un lugar extraño donde pasan cosas extrañas. El novio me informa de que HA TENIDO que ir a Key Biscayne por que su querida S. estaba muy mal, y que se la ha encontrado llorando en el párquing, QUE A VER QUÉ LE HABÍAMOS HECHO. Alucina vecina. Que si había tomado mucho alcohol, por que, ja, es que no se la puede dejar sola. O sea. Tapo el auricular. Le canto las cuarenta, le digo a los otros, le canto las cuarenta. Que no, me dicen, que no, que va a ser peor, invéntate una excusa, haz el paripé. Sí, pero soy yo el que tiene que escucharla llorar al fondo, mientras el señor novio tiene su teléfono en la mano e inspecciona las llamadas perdidas y me dice que a ver quien soy yo. ¡QUE QUIEN SOY YO! y que por que llamo tanto a S. Por que sabe, ojito, sabe que la he llamado antes, algún domingo. Me siento un miserable, una escoria, y creo que no lo merezco, cuando balbuceo que la llamaba por que había una botella de vino que sobraba -S. llora al fondo, puedo oirla- a ver si se la quería llevar, y que el agregado se había olvidado de darle un papel. Que soy un compañero de trabajo -S llora al fondo- y que las otras veces la había llamado para decirle lo que íbamos a hacer en la clase que comparte conmigo. Todo lo cual no es del todo verdad. La llamaba por que es un ser humano, y por que me caía bien. Pero ves tú a decírselo, no vaya a ser que empeores las cosas. El novio me dice que yo no tengo que llamarla para nada, que el Domingo no es día de trabajar. Y yo que soy un gusano miserable, un cobarde indigno y pisoteado –juraría que S. llora al fondo, me aturde ese llanto agudo, persistente, intento distinguirlo, no sea que me confunda – yo que soy todo eso y no necesito que un chuloputas me lo recuerde, yo le digo que sí pero, bueno, yo, claro, es que, claro, sí, ya, no si yo te entiendo.

Aunque los colegas me repitan que hice bien, argumenten, intenten reconfortarme, lo siento, pero no puedo quitarme de la cabeza que yo no merecía sentirme así, tan ridículo, tan miserable, tan cobarde. O sí, quien me mandaba llamar a S. ni a nadie, que me han salpicado con toda su mierda, así de lleno, y ahora tengo que ocupar una parte de mi mente en decidir si me lo me tenía bien ganado, por ser como soy o por no ser lo que no soy o lo que no he sido o yo que sé. El caso es que yo estaba tan contento con mi noche de viernes, y ahí vienen esos a revolcarme en su ciénago infecto, ese en el que están ellos ahogándose.

El Buck 15 está extraño, no divisamos a la tía que empuja a los incautos, sí aparecen la camarera rubia, las parejas enamoradas que se besan en los sofás, las hembras que perrean en la pista, que se abrazan entre ellas, felices y alegres, que derraman la cerveza sobre sus vestidos, las niñinas algo borrachas que bailan sobre los sofás, los tíos con gorra de beisbol fumando en una esquina, el perdido con gafas de pasta y camiseta de Keane. Pero no es lo mismo.

Volvimos pronto a casa.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Tres versos

Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Gil de Biedma

lunes, 10 de diciembre de 2007

El desierto de los Tártaros

El teniente Giovanni Drogo tiene como primer destino una lejana fortaleza que defendía el lugar donde antaño los tártaros atacaban el país y hogaño es un lugar destinado a esperar y a desesperar esperando que algo suceda entre la rigidez de las normas militares y la soledad absoluta y repetitiva de un lugar que está, ya, fuera del mundo. El teniente Drogo tiene la posibilidad de salir de allí, pero decide quedarse esperando el momento de que le lleguen las glorias militares, la lucha, la guerra. Los personajes con el transcurrir del tiempo y la inutilidad de sus acciones se han ido convirtiendo poco más que sombras que deambulan por las tétricas dependencias imaginado actos heroicos para los cuales consagraron sus vidas…

Todas las noches se sueña con que aparezca el enemigo para que tenga sentido todo aquello: todos los amigos perdidos, todos los días perdidos, todo el amor perdido, todas las alegrías perdidas,…todo aquello que pasó y ya nunca volverá. Así que se necesita, ¡debe! venir el enemigo (como pudiera venir cualquier otra cosa, como podría tocar la quiniela, o la lotería, o como podríamos volver a tener 15 años y haber decidido otras cosas)…pero se suspira por una sombra huidiza o un nube sospechosa que muestre a ese enemigo …en eso se ha quedado todo…en nubes y sombras..

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Ah, pues va a ser eso...

Hay diferencia entre las personas según el grado de novedad que necesitan para vivir satisfechas. Están los que trabajan años y años en una misma empresa, hasta jubilarse con homenaje y reloj de oro, y están los que prefieren tentar a la suerte cada dos años, poco más o menos. Algunos viven toda la vida en la casa en que nacieron y otros cambian de ciudad constantemente. Por más que nos extrañe y opinemos esto y lo otro acerca de sujetos tan diferentes de nosotros mismos, es tan inútil tratar de cambiar la forma de ser de un sedentario como de un aventurero. Por que muy probablemente sus querencias son en gran parte innatas, entre ellas la cantidad de estímulos que necesitan para vivir contentos.

En los últimos tiempos se viene discutiendo mucho la hipótesis de que determinada especie de receptores de dopamina en las neuronas influye en la cantidad de excitación que una persona necesita en la vida. Según esto, la curiosidad insaciable sería un rasgo de personas cuyas neuronas tienen pocos receptores del tipo D2. Esto último afecta a la cuarta parte de la población, aproximadamente, en cuya dotación hereditaria existe un gen mutante que limita la expresión de dichos receptores. Las neuronas de estos sujetos no responden bien a la dopamina, o digamos que sus cerebros no aprovechan debidamente el neurotransmisor en cuestión. En consecuencia, necesitan dosis más elevadas para llegar a sentirse en equilibrio. Esos son los temperamentos aventureros o simplemente inestables, capaces de ir más lejos que otros con tal de procurarse los niveles necesarios de dopamina. Buscan estímulos y el cosquilleo de nuevas excitaciones. El consumo recreativo de drogas también obedece a esa necesidad de aumentar la secreción de dopamina.

Die Glüksformel oder Wie die guten Gefühle entstehen.
Stefan Klein

Sur

La Herradura, Salobreña, Motril, Albuñol, Pulpí, Cuevas de Almanzora, Vera, Garrucha, Huércal, la Mojonera, Humilladero....

Llega el momento decisivo en que un número puede cambiar mi vida, magnífica lotería, y cuando reviso el mapa de Andalucía que me dieron en la oficina de turismo de España, en Brickell Avenue, me imagino en cualquiera de esos lugares, sopeso las condiciones, el acceso a las principales comunicaciones, cómo serán los niños, qué coño hay cerca de lo que será mi nuevo hogar.

Tíjola, Overa, Órgiva, Yunquera, Puebla de Cazalla, Casabermeja, Colmenar, Campillos, Zafarraya, Sanlucar la Mayor, La palma del Condado.....

Llega el concurso de traslados y me palpita el corazón fuertemente, de una manera inexplicable. Me dejan elegir, debiera advertir beatíficamente, no puedo decir que me fuerzan, pero maldigo y me maravillo a la vez por este maléfico proceso que se mueve por resortes inextricables y descabellados.

Mancha real, Santiago de la Espada, Benalmádena, Almuñecar, Adra, Manilva, Benamejí, Rute, Iznájar, Alhama, Cómpeta, Vélez-Málaga...

Ya he descubierto que la fortuna no favorece a los valientes, que cuesta mucho andar de un lado a otro, que añoro esa sensación de llegar a casa, por mucho que me descubro incapaz y me adivino en errante travesía, siempre perdido, siempre nómada de ninguna parte a cualquier sitio. Por que quiero descansar, llegar a una isla después del largo naufragio, agarrado a un poste en medio del mar extenso e inabarcable.

Estepona, Guadiaro, Archidona, Antequera, Cañete, Benoaján, Cortes de la Frontera, Ronda, Antequera, Osuna, Nerja, Torremolinos, Rincón de la Victoria...

Llegar a algún lugar que no me parezca extraño, dónde no despierte preguntándome por un segundo dónde coño estoy, dónde no me envuelva esta sensación de estupefacción, este sentirme ajeno, este desapego. Una estantería donde dejar todos los libros que no volveré a leer, las fotografías enmarcadas de otros lugares que una vez soñé visitar, ciudades cosmopolitas, un leve recuerdo agradable, un sillón donde pueda sentarme a añorar lo que nunca he vivido, un armario donde amontonar lo que se me desprende del alma.

Cañada, Las Norias, Albolote, Churriana, Chimeneas, Gabia la Grande, Calañas, Bollullos, Niebla, Cortegana, Baeza, Bailén, Jabalquinto...

Simplemente llegar, acabar ya con esta desazón sin continente ni contenido, con esta sensación de ser más pobre que nadie en este mundo, ser lejano, ser sin ser en ninguna parte en concreto y en muchas alguna vez, extraño peregrino, fugitivo extraño, viajero sin rumbo. Un lugar donde volver, como Ulises, mi Ítaca soñada.

Cártama, Coín, Villacarrillo, Algarrobo, Cala del Moral, Bormujos, Villanueva de Algaida, Mojácar, Cabezas de san Juan...

Pero solo tengo cenizas y polvo... y la certeza de seguir viajando sin poder detenerme a descansar.


Durante muchos años
sin reparar en gastos
he recorrido muchos países,
he visto las montañas más altas
y los océanos.
Lo único que no supe ver
fue el brillo del rocío
en la hierba del patio de mi casa.

Rabindranath Tagore

martes, 4 de diciembre de 2007

Happy Hour

Eres una mujer especialmente atractiva. Tú lo sabes y yo lo sé, y tú sabes que todo el mundo lo sabe, por que eres exótica y joven y tienes unas tetas impresionantes y bonitas, y la piel cobriza como de caramelo y te pone escotes que te favorecen y te maquillas solo levemente, por que no necesitas más, sabes que eres intensamente apasionada, un punto alocada, solo lo que toca para ser diva y chic, te ríes escandalosamente y tienes amigos interesantes con los que te dedicas a poner a caldo al resto del staff escolar durante el Happy Hour del Chili’s. Y pienso como puede ser que una mujer como tú considere que el Chili’s, en la triste Kendall Drive un poco antes de llegar a la Turnpike, es una maravilla de sitio mientras trasego un Strawberry Margarita del dos por uno e intento no fijarme demasiado en la manera en que me acaricias la mano coquetamente para indicarme que me vas a traducir uno de los comentarios malévolamente picajosos del Indiogay plumífero. Podrías estar en cualquier otra parte, algo más lujoso, mejor iluminado, ajeno al olor de patatas fritas y picante del Chili´s de Kendall con la 127, puente de la Turnpike Quizás te faltaría ser un poco más alta, aún más exótica, más carnal todavía, pero ese es tu reino, por que ahí estamos adorando tu don de gentes, tu simpatía innata, y sonreímos cuando haces el sonido del látigo al hablar de como tu novio está loco por ti, lo cual no te impide comentar, pobre de mi, que lo que más te deja disappointed de la escuela es que no hay cute guys. Pero te rindo pleitesía, te adoramos, yo y la chica de quien alabas el cutis, y el Indiogay y la profesora de danza que quiere ocultar que siente que está entrando en esa edad peligrosa en que empieza a ser demasiado madura para dejar de ser divorciada, y la chica que se tiene que ir por que la Babysitter ha quedado para ir a un concierto de rock. Tienes soltura y gracia casi innata, y si no la tienes nos reímos igual, por que eres un poco todos nosotros y nos comprendes y amas con maternal ternura para hacernos sentir tu cercanía y emocionalidad latente, y no podemos más que admirarte y responder que sí, que hay que repetir esto, esta gran tradición norteamericana de salir del trabajo e irse a un bar-restaurante de la cadena Chili’s a ponerse tibios de margaritas con sabor a fresa que están a dos por uno mientras comentamos la vida de los demás con indolencia y solo un poquito de crueldad malsana, y brindamos por el próximo marido de la profesora de danza sin que ella lo sepa, para luego volvernos a casa y encender la tele a ver que echan. Las mesas de alrededor van siendo ocupadas por parejas de novios que piden platos de costillas y pollo y quesadillas, y ya ha oscurecido, siempre demasiado pronto, y va siendo hora de irse. Me quedaría contigo, me pregunto a donde irás, cuál será tu reino, te imagino dominando desenfrenadamente la noche, bebiendo tequilas en la excitante oscuridad de una discoteca del Downtown. Me encantaría que me llevaras en tu coche y ver las luces de Miami, los letreros iluminados las farolas, los faros de los coches sobre el asfalto y poder hablarte de mi vida por una vez sin mentirme a mi mismo y sentirme reconfortado por esa manera que tienes de escucharme por mucho que me repito que no eres real como ninguno lo somos, pero tú más, justamente por que has creado esa imagen de perfección que, para este pobre y humilde carnal a quien regalas tu sonrisa, deslumbra demasiado.