lunes, 1 de octubre de 2007

El que fui

El que fui.

Relato borgiano.

Sé que fue casi atroz mientras duró, y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron.

Serían las dos de la madrugada del jueves. Reconcomido por la impotencia de mi vida sin raíces, había conducido el coche alquilado sin rumbo por la ciudad sin nombre ni aposento oscura y luminosa. Rodaba por las calles y avenidas extasiado por la oscuridad herida por los potentes focos de las gasolineras vacías, los restallantes letreros de los supermercados abandonados ante la inmensidad de la ciudad de noche, los neones azulados, las tenues luces amarillas de farolas lejanas. Escribí:

Oscura noche
abandonadas avenidas
vacío retrato
de tonos azulados
y luces amarillas
la ciudad me ha enseñado
su mirada infinita.

Empezó a llover cuando circulaba por Tamiami Trail, en dirección a Coral Way. Fue una lluvia furiosa pero breve que dejó en las calles la virtud de un espejo en que se reflejaban las cambiantes luces de los semáforos, los focos, los letreros, los neones azulados, las tenues luces amarillas de farolas lejanas. En la intersección con Miller Drive divisé un bar que podía cumplir con las características que andaba buscando. Encontré su vacía oscuridad apenas apaciguada por las serenas lámparas de los billares abandonados. Dos parroquianos bebían cerveza y charlaban en un rincón. Me tomé una draft, disimulando mi soledad infinita a aquellas horas mediante mirada perdida y gesto adusto. Después salí de nuevo a la noche.

No escribí inmediatamente lo que ocurrió por que mi propósito era olvidarlo, para no perder la razón. Pero durante estas noches he soñado variadas barbaridades. He soñado que una mujer que no conocía engendraba un monstruoso hijo mío; he soñado que entraba en un cuarto pequeño y desordenado que reconocía como mío dónde una rata me mordía en el tobillo; he soñado que perdía el habla. Nuestra evidente obligación es aceptar el sueño como aceptamos la vida y haber sido engendrados, como hemos aceptado el universo, y mirar con los ojos y respirar.

A las tantas de la noche, recostado sobre el capó del coche, contemplaba el cielo estrellado. Luego eché una mirada alrededor y acabé sentándome en un banco del Parque Municipal Coral Gables, que lindaba con aquel lugar. Encendí un cigarro. Amanecía, y una bandada de pájaros surcaba el extraño cielo de tonos ya anaranjados. Aquella figura extraña parecía meditar, no muy lejos de mí. Le reconocí con horror.

- ¿Cuántos años tienes? me acerqué a preguntarle.
Levantó la vista, y pareció reconocerme, pero intentó disimular la zozobra.
- veintiséis- me respondió.
- ¿Acabaste sin ilusión la carrera de Filología Española y ahora estás estudiando para las oposiciones? le pregunté sin tapujos.
No supo qué responder.
- Y trabajas en la SEAT, de hecho acabas de salir de ahí, turno de noche, y no logras dejar de sentir en tus manos y tu cuerpo el olor de la grasa de las máquinas, ni puedes desentumecer tus músculos agitados.
Me miró aterrorizado.
- Y vives con una buena chica que se llama Gema. Antes estuviste en Francia cuatro míseros meses, y también trabajaste repartiendo pizzas con una moto, y en general piensas que tu vida es mísera y sin sentido.
- Todo eso es cierto- dijo tiritando.
- Entonces no hay duda. Tú eres Daniel Coro Täpper. Lo sé por que yo también soy Daniel Coro Täpper, y no estamos en un triste barrio del extrarradio de Barcelona en 1999, si no en Miami, ya en el 2007.
- Admito que te pareces a mí. Más fondón, sin duda. Pero no tienes la mirada que reconozco en el espejo.
- Todo cambia vete acostumbrando. Para empezar vivirás un montón de cosas. No te las cuento para no quitarte la sorpresa. Pero te haré un resumen. Conocerás gente maravillosa, incluyendo algunas mujeres cuya presencia en tu vida no podrás olvidar. Verás nuevos atardeceres en nuevos lugares en los que nunca habrías imaginado vivir, oirás el sonido de las olas al acostarte, creerás tener lo que andas buscando, agonizarás mil veces y mil veces hallarás una nueva salida.
- Suena bien. Mucho mejor que esta manera de pudrirse en esta fábrica inmunda.
- También tiene su lado opuesto. Nunca hallarás descanso ni paz, ni te verás reconfortado jamás, ni totalmente satisfecho por nada. Brillará tu ilusión y tu alegría, y de nuevo la empañara el árido paisaje o las incoloras mañanas. Y por buscar la plenitud te encontrarás vacío.
- ¿Dónde dices que estamos? ¿Miami? Suena fantástico. Creo que vale la pena.
- No sabes lo que dices. Y como siempre, demuestras ser un estúpido. Darás vueltas con tu coche alquilado sin rumbo, apabullado por la gran urbe, pero sin saber donde detenerte, ni dónde descansar. Y así acabarás en este parque.
- Eres tú quien se equivoca. Para empezar no sabes valorar lo que tienes, y creo que tampoco sabes tener lo que valoras. Te pudre tu perfeccionismo, tu inquietud inútil, tu derrotismo desesperanzado.
- Está claro que no nos entendemos. Al menos déjame decirte una cosa... bueno, dos. Primero, no eches más la primitiva, que no te va a tocar. Y cuando vengas a Miami ni se te ocurra comprar ningún Chrysler Sebring por bonito que te parezca. Ya sé que te tira el encanto y el mito, la imagen perfecta de la felicidad, la ingenuidad siempre inédita persiguiendo el rayo de luna entre las sombras del bosque.

Estuvimos en silencio. Un amanecer sucio y turbio se cernía sorbe el cielo, más allá de los rascacielos del Downtown, atravesado de nuevo por una bandada de pájaros, quizás la misma de antes.

- Sé que miraste este cielo, -me dijo- que ahora te parece el mismo que entonces. Fue en el párquing del taller cuatro de la fábrica, y soñaste con ser libre. Pero para ti nada es bastante.
- En realidad el problema es que nada es como parece que iba a ser.
- Al contrario, eso es lo bueno del asunto.

No podíamos engañarnos, lo cual hacía difícil el diálogo. Nos miramos como extraños y entre nosotros se engendró ese insólito silencio que se crea entre las personas que no saben qué decirse. Nos despedimos fríamente y abandonamos el lugar.

En el camino de vuelta no dejaba de impresionarme la inmensidad del cielo.
Escrito por tropicopsicotropico el 15/09/2007 15:58 Comentarios (2)

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