domingo, 25 de noviembre de 2007

La parca

Era muy tarde, clareaba ya la mañana del sábado, en esa hora frustrante en que es muy tarde para seguir bebiendo y muy pronto para cualquier cosa. Estaba cansado, sentía el peso del sueño mientras intentaba mantenerme en mi carril. Hacía falta un ingente esfuerzo. Las calles se alargaban indolentemente, parecía que no se acababan nunca.

Entonces la vi. La parca. El coche de la víctima había chocado con una valla en el cruce entre la 137 avenida y la 104 Street (la mía), para acabar empotrándose contra un muro de bloques de hormigón. Unos enfermeros portaban una camilla en la que cargaron a peso el cadáver, para después taparlo completamente con uno de esos ridículos plásticos que ellos usan tanto. Había llegado la negra hora. Sonrisas, amor, recuerdos, penurias, todo había acabado para alguien que vivía entre Kendall y los Hammocks. Eso sí, sin salir del coche, como todo en este país.

No han pasado ni 24 horas y con la constancia y laboriosidad inexorable que la caracterizan, la parca ha vuelto a este humilde barrio de urbanizaciones con ínfulas. Un coche de bomberos ha parado frente a este apartamento, seguido por un vehículo policial, ambos con gran profusión de luces azules y rojas. Han entrado en un apatamento mientras se ponían unos guantes de vinilo, y han vuelto a salir con una camilla en la que reposaba un cuerpo inerte.

La parca ronda por estos lugares, como por tantos otros.

"Sólo se mueren los muertos... El que ha vivido deja tras de sí la vida. Mientras que quien ha vivido sin enterarse de lo que es la vida no deja nada."
Luis Goytisolo

2 comentarios:

Nº6 dijo...

Eso tiene la jodida, don de ubicuidad, incansable, insaciable, traidora, deshonesta muchas veces veces... no se le escapa nadie

Justí Ficant Sales dijo...

Sólo los suicidas eligen el momento. Por lo demás ir tirando, hasta que llegue. Carpe diem.