La Herradura, Salobreña, Motril, Albuñol, Pulpí, Cuevas de Almanzora, Vera, Garrucha, Huércal, la Mojonera, Humilladero....
Llega el momento decisivo en que un número puede cambiar mi vida, magnífica lotería, y cuando reviso el mapa de Andalucía que me dieron en la oficina de turismo de España, en Brickell Avenue, me imagino en cualquiera de esos lugares, sopeso las condiciones, el acceso a las principales comunicaciones, cómo serán los niños, qué coño hay cerca de lo que será mi nuevo hogar.
Tíjola, Overa, Órgiva, Yunquera, Puebla de Cazalla, Casabermeja, Colmenar, Campillos, Zafarraya, Sanlucar la Mayor, La palma del Condado.....
Llega el concurso de traslados y me palpita el corazón fuertemente, de una manera inexplicable. Me dejan elegir, debiera advertir beatíficamente, no puedo decir que me fuerzan, pero maldigo y me maravillo a la vez por este maléfico proceso que se mueve por resortes inextricables y descabellados.
Mancha real, Santiago de la Espada, Benalmádena, Almuñecar, Adra, Manilva, Benamejí, Rute, Iznájar, Alhama, Cómpeta, Vélez-Málaga...
Ya he descubierto que la fortuna no favorece a los valientes, que cuesta mucho andar de un lado a otro, que añoro esa sensación de llegar a casa, por mucho que me descubro incapaz y me adivino en errante travesía, siempre perdido, siempre nómada de ninguna parte a cualquier sitio. Por que quiero descansar, llegar a una isla después del largo naufragio, agarrado a un poste en medio del mar extenso e inabarcable.
Estepona, Guadiaro, Archidona, Antequera, Cañete, Benoaján, Cortes de la Frontera, Ronda, Antequera, Osuna, Nerja, Torremolinos, Rincón de la Victoria...
Llegar a algún lugar que no me parezca extraño, dónde no despierte preguntándome por un segundo dónde coño estoy, dónde no me envuelva esta sensación de estupefacción, este sentirme ajeno, este desapego. Una estantería donde dejar todos los libros que no volveré a leer, las fotografías enmarcadas de otros lugares que una vez soñé visitar, ciudades cosmopolitas, un leve recuerdo agradable, un sillón donde pueda sentarme a añorar lo que nunca he vivido, un armario donde amontonar lo que se me desprende del alma.
Cañada, Las Norias, Albolote, Churriana, Chimeneas, Gabia la Grande, Calañas, Bollullos, Niebla, Cortegana, Baeza, Bailén, Jabalquinto...
Simplemente llegar, acabar ya con esta desazón sin continente ni contenido, con esta sensación de ser más pobre que nadie en este mundo, ser lejano, ser sin ser en ninguna parte en concreto y en muchas alguna vez, extraño peregrino, fugitivo extraño, viajero sin rumbo. Un lugar donde volver, como Ulises, mi Ítaca soñada.
Cártama, Coín, Villacarrillo, Algarrobo, Cala del Moral, Bormujos, Villanueva de Algaida, Mojácar, Cabezas de san Juan...
Pero solo tengo cenizas y polvo... y la certeza de seguir viajando sin poder detenerme a descansar.
Durante muchos años
sin reparar en gastos
he recorrido muchos países,
he visto las montañas más altas
y los océanos.
Lo único que no supe ver
fue el brillo del rocío
en la hierba del patio de mi casa.
Rabindranath Tagore
miércoles, 5 de diciembre de 2007
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4 comentarios:
Vale, pero cuidado con Penelope tantos tejemanejes acaban enredando
Si es que esto es una lotería. ¿Te has dado cuenta la de nombres feos que pueden tener los pueblos?
Feos e impronunciables, socio.
Mi preferido es Zafarraya. Solo de escuchar el nombre ya me dan unas ganas locas de irme a vivir allí. Por no hablar de La Mojonera. ¡¡¡¡Olé con Andalucía!!!!
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